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De encargos matutinos.

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De encargos matutinos.

Mensaje por Silveriana Eleazar el 16/12/09, 10:01 am

Los arrabales estaban, si cabe, más agitados de lo normal. Bien sabido era que, de toda Trinacria, era la zona más traicionera y criminal que te podías encontrar. Y hacían bien en tenerlo presente. En todos los muelles se colaba por las vías respiratorias el hedor del pescado fresco y, como remate, había un coro constante de ruido y gritos. Un nuevo barco atracaba al tiempo que otro salía, reponiendo mercancías. Pero la mayoría de la gente no era consciente de todos los oscuros recovecos que completaban el paupérrimo cuadro de los barrios bajos. Si valorabas en algo tus efectos personales, no apartabas la mano de ellos. Si valorabas en algo la cabeza en su sitio, andabas con ojo. Y es que en una zona cómo aquella, las revueltas clandestinas eran lo de menos.

Yo me sacudí con disgusto las migajas que mi tentempié había dejado caer. Lo único bueno que Los Arrabales tenía era el paisaje. Un paisaje azul que alegraba a la vista y otorgaba serenidad a la más triste de las almas del lugar. Mas mi ojo crítico no tenía mucho tiempo para admirar esa hermosa composición, pues mi víctima estaba situada a sólo unos pasos de mí. Un petulante hombre de negocios que había tentado a la suerte y el tiro le había salido por la culata. Y le iba a atravesar. Si bien me estaba empezado a cansar, pues el hombre llebaba toda la mañana de un lado para otro, resolviendo y abriendo nuevos tratos con clientes igual o más idiotas que él.

Se llamaba Aarthi Dert'Ulzurg. Era un hombre rechoncho, bien entrado en los 60. Un gran bigote gris coronaba su cara, que me recordaba a un boniato, y más que ojos, presentaba dos rendijas, muy avispadas he de decir. El hombre iba con ropa cara, imitando el porte de aquellos de la realeza que sí daban una alegría al verlos pasar. Llevaba bien sujeto su maletín, donde a buen seguro llevaba todos los documentos que salvaban sus riquezas.

Mi boca se tensó hasta un punto insospechado cuando le vi girar por una callejuela y aceleré mi paso. Ése idiota confiado andaba sin mirar atrás y yo, sin perder el tiempo, saqué mis dos dagas y salté sin hacer ruido. Me coloqué delante de él y le dediqué una sonrisa. Dert'Ulzurg abrió la boca con sorpresa y se paró en seco cuando vio mis dos amigas.

-¿Pero qu...?

No terminó la frase porque me lancé hacia él y le rebané en cuello. Un tajo limpio, como a mí me gusta. Su cabeza cayó al suelo, produciendo un ruido sordo, y su cuerpo lo acompañó a los pocos segundos. Yo me giré y limpié mis armas mientras tatareaba una canción que se me había metido en la cabeza.

-Tin tin tararí...

Me guardé las dagas y tiré de su cuerpo para ocultarlo detrás de un montón de basura. Repetí el proceso con su cabeza. Le dirigí una miradita para cercionarme de que todo estaba en su sitio y volví a salir a la calle con una sonrisa en la cara y el maletín de Dert'Ulzurg en la mano.
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Re: De encargos matutinos.

Mensaje por Indara el 20/12/09, 01:55 pm

No necesitaba música alguna para bailar. Era una fuerte ventaja a la hora de recibir monedas, pero no era necesario para embaucar al público. Aquellos días venía con ella un gitano errante, que con el ritmo de su caja le hacía moverse con el mismo encanto que con una comitiva de guitarristas y palmeros. Sus castañuelas descansaban no muy lejos, al resguardo de su gato negro, Djalí, y con un simple paño en el suelo a sus pies, incitaba a los transeúntes a echar algún dinero; fuera a cambio de observarla con holgura, o simplemente en pago de una sonrisa y una mirada llena de promesas que jamás serían cumplidas.

Los aros de sus tobillos tintineaban con la gracia de su baile sinuoso, al igual que los de sus muñecas. El ritmo de la caja se hacía cada vez más frenético, y su pelo leonado se confundía con las florituras de sus manos y sus brazos en el aire. El sol de mediodía incidía en ella, haciendo destellar su cabello castaño con tonos rubios. Ella era feliz así; su hogar, su campamento, aunque lejos, los llevaba en su alma, y lo único que deseaba entonces era su libertad de bailarina callejera. Se ganaba la vida honradamente, y si pecaba de algo, era de hambre en invierno y su ladronería como consecuencia. Por lo demás, era tan justa como el herrero o el panadero, y los alguaciles no entendían la sutil diferencia entre éstos y los gitanos; las circunstancias de la vida en que nacían cada uno.

En aquellos instantes descuidó su atención del resto de la plaza, y el rumor de las olas cercanas al paseo marítimo. Escuchó el tintineo de una moneda caer en el paño – tal vez una pieza de acero – y no mucho más que el compás de la caja hasta que éste dio fin. Algunos se alejaron, y con una sonrisa algo cansada, Indara se agachó a coger la tela. Contando por encima, llevaba más o menos un real y medio... No estaba mal. Djalí se paseó por sus pantorrillas, y la gitana extendió un brazo para que ascendiera por él y se posara en su hombro. Ahora posiblemente fuera a comer algo; cuatro piezas de metal para el músico y cuatro para ella... Algo de pan en una taberna no estaría mal.

Se incorporó, pagándole lo suyo al muchacho, y el gato de un salto alcanzó el suelo corriendo con la típica elasticidad felina hasta desaparecer por encima de un muro. Indara se hizo de visera con una mano morena, y atisbó un bar no muy lejos. Guardando las pocas monedas que tenía en su morral, se anudó el pañuelo rosado a la cadera y echó a andar descalza, como siempre, hacia el establecimiento.
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Re: De encargos matutinos.

Mensaje por Silveriana Eleazar el 20/12/09, 05:01 pm

Una melodía atípica de la zona llamó mi atención al instante. Los transeúntes se habían congregado en torno a algo o alguien y no dejaban ver que era. Me acerqué con curiosidad y descubrí una figura morena de una mujer.

Sí, una gitana. Difícil verlas por la capital. Se contoneaba y bailaba con paso seguro, y me paré en seco a contemplar el espectáculo. Los gitanos eran un pueblo supersticioso y la mayor parte del tiempo repudiado por los demás. La mujer iba descalza y no aparentaba mucha más edad de la mía. De vez en cuando, alguien satisfecho con su actuación la recompensaba con varias monedas. Yo enarqué una ceja cuando vi las caras ilusionadas del personal. La vida así no debía ser fácil y, sin embargo, no caía en la vulgaridad.

El ritmo paró y la gitana recogió las cosas con rapidez al tiempo que la gente volvía a dispersarse, sumidos de nuevo en sus rutinas y deberes. Me acerqué hacia ella y descubrí un gato entre sus pies.

-¿Son canciones tradicionales de tu tierra?-le pregunté analizandola más de cerca. Daba una impresión descuidada y salvaje que, lejos de resultar desagradable, le daba un toque exótico y bello.
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Re: De encargos matutinos.

Mensaje por Indara el 22/12/09, 12:08 pm

Apenas había terminado de anudarse el pañuelo a las caderas cuando una mujer se le acercó. Lo primero que pasó por la mente de la gitana cuando la vio fue que no era de allí; tenía la piel tan blanca y el cabello tan oscuro y acicalado que más que una campesina parecía una muñeca de porcelana. Debía ser alguna extranjera aristocrática, aunque a primera vista al menos no se distinguiera esa actitud petulante y pomposa de la nobleza. Más bien despedía carácter, autosuficiencia, y una cierta frialdad; sin embargo fue totalmente correcta cuando se dirigió a Indara, y ésta esbozó una ligera sonrisa.

- Sí, lo son. Aunque en días como éstos echo de menos un buen guitarrista; Zacarías era el mejor del campamento... – un tenue tinte de nostalgia manchó sus palabras, y poco después trató de enmendarlo con curiosidad –. ¿Eres de por aquí?

Tal vez perteneciera, como sospechó segundos antes, a alguna familia de alta alcurnia, pero nunca se le había pasado por la cabeza – ni en esos casos – tratar de vos. No podía ver a nadie por encima de ella porque lo dijeran cofres y cofres de coronas y cientos de acres. Posiblemente si no llevara esos finos y femeninos atuendos y el pelo alborotado tras haber trabajado como un hombre bajo el sol, perdería esa curiosa incitación o imperativo para tratarla de vos; elegante y poco común en el pueblo, pero a fin de cuentas una mujer como Indara.

Se puso en jarras con naturalidad, como quien está acostumbrado a hacerlo a menudo, y reparó fugazmente en el maletín que portaba. ¿Llevaría dinero? No pretendía robarlo, evidentemente, pero si en realidad estaba por ejemplo lleno de maravedís, la curiosidad de saber de dónde los habría sacado se empezaba a gestar en ella. Aunque fuese una aristócrata no era común que una mujer sola transportase semejante cantidad de... ¡Demonio, pero si sólo eran conjeturas! Había clavado rápidamente, no obstante, la mirada verde en sus ojos negros, ignorando su equipaje en apariencia. No le interesaba el dinero excepto el justo para comer, y ese ya lo tenía.
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Re: De encargos matutinos.

Mensaje por Silveriana Eleazar el 25/12/09, 11:22 am

Enarqué una ceja cuando sentí su mirada inquisitiva y solté un suspiro lentamente.

-Si de algo me quejo-contesté al cabo de un rato.-Es de no haber salido de esta ciudad en mi vida.

Desvié la mirada hacia los muelles al tiempo que bamboleaba el maletín. La gitana me tuteaba, exudaba confianza en sí misma. Si bien yo hacía lo mismo. Mas no se me habia pasado por alto las miradas que le estaba echando al maletín y una pequeña sonrisa se curvó en mis labios.

-¿Tienes curiosidad?-inquirí, con cierta jocosidad.

Mas le valdría no tener pensamientos fuera de lugar con su contenido. Dejé el maletín a un lado y me agaché buscando el pequeño cuerpo del gato. Acerqué la mano confiando en que no me agrediese.

-¿Y el gato, cómo se llama?
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Re: De encargos matutinos.

Mensaje por Chelsie el 31/07/10, 05:57 am

MENSAJE DE LA MODERACIÓN:

Tema cerrado por inactividad. Se traslada al Limbo de Temas.

Para recuperarlo mandar un mp a un moderador, gracias.
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Re: De encargos matutinos.

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