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Desembarque, deló por hecho

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Desembarque, deló por hecho

Mensaje por Nimbe el 26/05/10, 02:19 pm

El sol se elevaba sobre la resplandeciente superficie del mar cobalto como un doblón destellante en la cúpula celeste. Una suave brisa salina acariciaba las velas en los mástiles mayores, hinchando a su arrebatado paso las gigantescas cortinas que competían en el mar celeste con las vaporosas nubes que eclipsaban el cenit de medio día. Cerca de la proa, justo debajo de unos de los líndeles del barco, un grupo de marineros de aspecto desgarbado se jugaban chanzas escandalosas mientras aventaban un par de dados desrraidos a cubierta intercambiando apuestas. Los dados rodaron, saltando y repiqueteando un par de veces por el apostillado de la duela mientras un hombrecillo de aspecto huronil se colgaba cuerda abajo, catalejo en mano, con una sonrisa triunfante en los agrietados y resecos labios.

-¡NEHMEN!- gritó el vigía desde la tarima elevada entre las velas, señalando con sus huesudos nudillos una sombra en el horizonte.

Por un segundo todos los bullicios de la tripulación acallaron sus clamores, el timonel asomando la cabeza desdé el puente de gobierno saco un catalejo cobrizo de las profundidades de su oscuro saco mientras oteaba a lo lejos la bahía con sus deslucidas formas y la hilera de embarcaciones irregulares que aguardaban en puerto. Un hombre corpulento, con la silueta de un roble, extremadamente erguido con un parado militar, la diestra en la barandilla de cedro, la zurda oculta en su espalda, de rostro severo, como el de todos lo lobos de mar que conocen demasiado bien los caprichos de esa patria acuosa, extendió la mano, ruda y ocre, en dirección al timonel que aguardaba a su lado, éste, como a la orden de un latigazo se apresuro a entregar el catalejo para que el capitán corroborara la llegada próxima a la cede del gobierno pirata. Un amago de complacencia curvo por un instante la comisura de la boca del capitán sin que llegara a convertirse en sonrisa, ni siquiera en rictus de expresión humana, sus ojos oscuros adquirieron un brillo astuto que auguraba el que su presencia en aquel puerto no sería con fines legales.

-Como lo prometí, allí esta la isla que esconde el tesoro de Racchi- dijo observando por el rabillo del ojo a la chica pelirroja que sentada al resguardo de las sombras de la cabina acariciaba un exótico felino de dos colas que ronroneaba quedamente. En el atisbo de mirada que le dedico, la chica pudo intuir una perversa malicia de la que el hombre pronto la haría presa. Algo en el destello cruel de las oscuras pupilas, en la línea reposada de las tupidas cejas, quizá incluso algo indescriptible en la voz meditabunda que le dirigía le provocó un escalofrío.

-Tentador…pero, los tesoros no son mi especialidad, el buscarlos y esconderlos es trabajo de piratas…Se podría decir que tanto esfuerzo hace que casi no valga la pena el obtenerlos, prefiero trabajos más sencillos…más individuales si así lo quiere ver.

El capitán soltó una carcajada que más asemejaba al ladrido de una fiera, grave y profunda, creando ecos lúgubres que resonaron en el puente de mando. A su pesar, disimulando el miedo que le produjo aquel sonido, la chica abandono su asiento y se acerco lentamente al timón alejándose lo más posible de la locura de aquel hombre que despedía un aura de no acerques. Ya había conocido a suficientes sujetos peligrosos como para saber con cuales puedes jugarse y con cuales no, y en definitiva, el capitán de aquel barco era uno de los que era mejor no irritar.

-Niña, no hay tesoro que no valga la pena obtener. Sólo tengo tres amores: la mar, el vino y el oro. La primera es como las mujeres, caprichosa, te seduce y cuando menos lo esperas trata de matarte, la segunda un pasatiempo y la tercera, la tercera es la única a la que vale la pena tener fidelidad. Sólo el oro, las joyas y los tesoros valen algo en esta vida- la exclamación guardaba una nota extraña- Lo demás es basura a la que nunca he tenido ni tendré piedad.

El capitán esgrimió el catalejo por segunda vez. Un vistazo fue suficiente para cortar la conversación, a una orden suya el timonel retorno a su puesto, los marineros de cubierta comenzaron sus maniobras descolgando cuerdas, bajando anclas… Haciendo con presteza las maniobras necesarias para desembarcar en puerto. El capitán sin mover un músculo de su ancha espalda observaba con ojo clínico que sus indicaciones fueran cumplidas a cabalidad, con la zurda en la espalda, el ceño fruncido y la zarpa fuertemente asida a la gruesa barandilla de caoba que ribeteaba el puente de mando.

El barco varó. La cubierta era un hervidero de vaivenes, marineros, grumetes, contramaestres, todos y cada uno ocupado en gritar órdenes, manos que ataban y desataban nudos en los mástiles, sujetos que corrían de un lado a otro, de estribor a babor.

En el puente la chica pelirroja recogió en brazos al pequeño felino que la acompañaba, agradecida de abandonar aquella prisión en la que había pasado cerca de dos semanas sin nada más que contemplar que el eterno mar azul con su sofocante brisa salina. Lentamente, con parsimonia se encamino al umbral dispuesta a poner fin a su travesía.

- Gracias por todo capitán- dijo dando la espalda al robusto hombre que apenas y giro el rostro para verla partir mientras daba un largo sorbo a la botella de licor –En cuanto a lo que me ha encargado, délo por hecho. Un trato es un trato.

El capitán bajo la botella con una sonrisa retorcida, ambas figuras se miraron en silencio un instante antes de volver cada una a sus intereses. Ella descendió del barco pensativa con los rojos mechones mecidos por la brisa del muelle, demasiado pensativa sorteaba a los marinos, los mercaderes, los arrieros con cierto aire distraído.

-Mira Ororo- susurro al gato que colgaba de su bolso con las patas por fuera- a algunas buenas personas se le ha caído el dinero, es una suerte que lo halláramos nosotros- ]b]completo con una sonrisa inocente que guardaba algo de picardía- Qué opinas ¿lo devolvemos?[/b]

El gato maulló y ella asintió con solemnidad.

- Es verdad ¿Cómo saber de quién es el saco?...Creó que no podemos ir preguntando por allí ¿cierto?... Ni hablar, tendremos que quedárnoslo.
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Nimbe

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Re: Desembarque, deló por hecho

Mensaje por Chelsie el 31/07/10, 06:11 am

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