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Y una botella de ron

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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Sophitia el 10/03/14, 01:13 pm

Lo que Sophitia callaba es que ella misma también esperaría a alguien más digno de admiración al pensar en la hermana de Florangel, claro que no se le ocurrieron todos los bonitos apelativos que Kirill pensaba tan irritado, pero si opinaba que un pariente tan cercano de la muchacha tendría que ser una mujer inteligente, refinada, divertida, diplomática pero a la vez picara, en resumen, nada que se relacionara con la pirata.

-Si, por lo general si… - Respondió aunque era evidente que el muchacho no esperaba que le respondieran, su aire frío no disimulaba su enojo, así que nada de lo que le dijera podía quitarle la sonrisa de satisfacción por haber logrado con su cometido.

Mirarlo fingir respeto y todo lo demás era sumamente chistoso, y si bien la pirata se aguanto la carcajada, estuvo durante todo el discurso mirándolo con ese mal disimulado aire de burla. Podía ser menos fastidiosa, podía hasta ser una buena persona, pero ese hombre la tentaba con sus gestos de furia a portarse así, para Sophitia, todo era culpa de Kirill por ser tan tontamente irritable, por no darse cuenta de que el mejor modo para que deje de molestarlo era seguirle la broma.

-Gracias por la opinión, se lo comentare a los demás… - Como si a los piratas pudiera importarles en verdad lo que un mago pensara sobre sus modales, como si el robar necesitara de saber buenos modales, ese tipo no tenía idea de nada – Ven, vámonos Flor, mientras antes terminemos con esto, antes nos desharemos de este desagradable sujeto… - La tomo de la mano para que fueran hacia los fumaderos de opio.

Si bien en otras islas el consumo de opio para el placer era mal visto, en Nehmen se lo consideraba un vicio mas como tantos otros, la gente era libre de disfrutar del caos de la inmoralidad tanto como quisiera, asumiendo luego las consecuencias. Aun así, los fumaderos eran espacios cerrados y frecuentados en general por una misma clientela siempre, adictos que perdían totalmente su alma y hacían lo que fuera por poder consumir un poco más.

Dentro del lugar apenas entraban unos pocos rayos de luz, sumado a eso, el aire se encontraba viciado y con un olor característico, muy fuerte para quien no estaba acostumbrado. Sophitia se tapo la nariz ni bien abrió la puerta, no le gustaban ese tipo de cosas, el alcohol le hacía perder el control, era cierto, pero esa droga hacia que uno perdiera el cerebro entero y muchos amigos habían muerto por su culpa. No le causaba gracia que su hermana estuviera ahí.

-Busquemos rápido y vámonos, por favor – Y si lo pedía “por favor” era porque en verdad no quería estar ahí.


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Florangél el 16/03/14, 01:48 pm

Ni la falta de educación de Kirill – en otro momento no le hubiese perdonado haberla ignorado cuando le preguntó – ni el  antagonismo de éste con Sophi iban a echar a perder la diversión que Florangél esperaba encontrar al visitar esos misteriosos fumaderos de opio, así que partió contenta con su hermana, sin siquiera protestar porque ésta la llevara, ¡una vez más!, de la mano como si fuera una nenita.

Lo que sí arruinó la diversión de la muchacha fue la llegada al establecimiento que tanto había anhelado conocer. Ni la misma Flor hubiera podido decir qué era exactamente lo que esperaba hallar, ni qué había imaginado pero, sin duda, no era nada como lo que  encontró cuando Sophi abrió la puerta. Había visto muchas tabernas y muchos borrachos en diversos estados de ebriedad, pero eso era muy distinto.

El olor del lugar tomó por asalto a la chica apenas la puerta fue abierta y tuvo que hacer grandes esfuerzos por no vomitar mientras sus ojos se acostumbraban a la escasa luz reinante. Podría decirse que sólo su orgullo le permitió no flaquear, ¡no iba a portarse como una damisela remilgada, no señor!, ella había querido ir ahí y ahora se aguantaba.

Galvanizada por esa idea, Flor se sobrepuso a las náuseas y pudo concentrarse en observar en torno, ahora que se había adaptado más a la semipenumbra del lugar... y al superado impacto físico, se sumó el impacto emocional. Era una habitación de techo bajo, donde decenas de figuras tendidas en mugrientos jergones, que compartían con las moscas, se aferraban a las pipas que les proporcionarían un pasaje a los ensueños y el olvido. Los cuerpos inmóviles, las bocas abiertas, las miradas perdidas, todo hacía pensar a la muchacha en muertos vivientes y le provocaba un escalofrío.

Nada había de divertido aquello, nada tenía de fascinante. La nacossedina sentía repugnancia, casi temor y la petición de su hermana, hecha de una manera inusual en ella, entró en sintonía con ese estado de ánimo y ni siquiera le sorprendió y mucho menos la cuestionó.

- Sí, sí, me apuraré – contestó con voz temblorosa.

Flor también quería salir pronto de ahí y venciendo su repulsa se dio a la tarea de examinar los cuerpos yacentes tan rápido como pudo y casi sin respirar porque, para poder ver, tenía que acercarse más de lo que hubiera querido

- Creo que es este – dijo insegura al cabo de un rato, haciéndose visible para señalarle a la pirata un tipo tendido en un rincón.
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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Kirill el 21/03/14, 09:58 pm

Iba a demostrarle a aquellas dos desgraciadas quién tenía razón y quién no, pensó Kirill malhumorado, avanzando a grandes pasos hacia el local de Madama Annabeth. Sin darse cuenta incluyó aquella vez a Flor en sus reflexiones, si bien su verdadero rencor iba dirigido a Sophitia. Tenía verdaderas ganas de librarse de ella; y aún más, tenía verdaderas ganas de haber acertado y encontrar a Tobías y a la espada en la dirección que había tomado.

Pasados un par de minutos se dio cuenta de que la pirata no le había indicaciones precisas sobre cómo llegar. Qué demonios. Tomó la decisión de preguntar por la calle, pensaran lo que pensaran de él, y no se sorprendió de que preguntar por un prostíbulo no excitara el más mínimo gesto de sorpresa entre los piratas. ¡Por supuesto! ¡Podría encontrar a la Madama bajando por la calle un par de minutos más! ¡Cómo no! ¡Aquí todo el mundo sabía donde encontrar a la Madama!

Panda de desgraciados.

Llegó a las puertas casi más malhumorado de lo que había dejado a Sophitia y Florangel. Tenía el ceño fruncido y no se paró a mirar cómo era la fachada, sino que entró dando un portazo en cuanto creyó haber encontrado el edificio. En el interior, un par de chicas se giraron súbitamente al escucharle entrar; otras estaban demasiado ocupadas comiéndole la oreja a un pirata u otro como para prestarle atención.

- Busco a Annabeth - anunció Kirill impacientemente, haciendo esfuerzos mínimos por no pagar con otra persona el malhumor que le inspiraba Sophitia.

Una de las dos mujeres que se habían sorprendido al entrar él recompuso su gesto como si nada hubiera pasado, y se acercó contoneándose elegantemente. ¿Elegantemente? Realmente eso no se lo había esperado. Kirill la miró de arriba abajo y decidió que no iba mal vestida, para lo mucho que iba enseñando sin enseñar nada.

- ¿Annabeth? Annabeth estará ocupada... ¿No puedo convencerte para que me busques a mi en su lugar? ¿Quizás? - preguntó con voz melosa y un gesto falsamente tímido y muy sugerente.

Y era atractiva, pero el mago no estaba para aquellas tonterías. Le dolía el costado y al pensar en lo sucios que eran los piratas... Dudaba que ella estuviera limpia. El antro estaba adornado con telas, y había incienso en el ambiente para tapar el mal olor del sudor y del pescado podrido de la lonja, situada a poca distancia, pero eso no cambiaba el tipo de cliente que tenían.

- No - insistió -. Tengo que hablar con Annabeth. Soy amigo de Sophitia.

Al decir eso, la mujer puso cara de fingida sorpresa y se retiró tras hacer una leve reverencia y murmurar "avisaré a Annabeth". Kirill se quedó en su sitio, muy quieto y lívido. Sentía unas ganas tremendas de estampar la cabeza repetidamente contra el muro después de haberse escuchado a sí mismo decir que era AMIGO de la pirata.


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Sophitia el 25/03/14, 10:35 am

Se puso a buscar rápidamente entre los cuerpos de los ausentes clientes, los agarraba por los hombros y los daba vuelta para verles las caras, algunos los tocaba con la punta de la bota porque siquiera tenía ganas de tomarlos con las manos, otros tenía sus serias sospechas de si aun siquiera estaban vivos. Cuando escucho a Flor se acerco pasando por encima de algunos desfallecidos, tomo al muchacho por los brazos y lo levanto para verle la cara con un poco mas de luz.

-Sí, es él… - Estaba casi irreconocible de todos modos, le faltaban muchos dientes, se lo notaba como avejentado, demacrado, y en ese mismo instante siquiera se daba cuenta de que lo estaban moviendo – ¡Oye! ¡Despierta imbécil! – Dijo la pirata mientras lo sacudía sin cuidado alguno, lo que hacía que la cabeza de Tobias se moviera como la de un títere vacio – Venga, te arrastrare hasta el rio si es necesario… - Y estaba dispuesta a cumplir con su palabra, se paro mientras que con las manos agarraba las ropas del muchacho para arrastrarlo.

Un pomposo caballero, regordete, con ropas de seda y piel blanca se acerco apurado a donde estaban las muchachas al ver el disturbio, era por supuesto el dueño del lugar, su pulcritud desentonaba con la mugre de su establecimiento, pero era evidente que no gastaría una sola moneda de más en ese montón de seres inservibles.

-¿Qué sucede aquí? ¿Quiénes son? ¿Por qué molestan a mis clientes? - Pregunto con su fina voz, azorado por tan extraño evento, reconoció entonces a la pirata- ¡Tu! Creí haberte dicho que no regresaras nunca más por aquí, eres mala para mi negocio.

Habían tenido sus diferencias con el comerciante en el pasado, Sophitia no estaba dispuesta a dejar que sus amigos se mataran fumando esa porquería y no tenia problema alguno en entrar al local para sacarlos a los golpes del mismo.

-Por desgracia para ti, yo entro a donde se me antoja – Le contesto con su habitual altanería – Pero esta vez no vengo a quitarte clientes, este despojo humano – Dijo mientras levantaba un poco a Tobias – Te vendió una espada que me pertenece, la quiero de vuelta.

No conocía al muchacho más que de verlo de vez en vez, si quería drogarse hasta morir no era asunto suyo, lo único que quería era el arma del mago y salir de allí.

-Tenemos un problema entonces, porque la espada me fue dada en parte de pago, y el Señor aquí presente ya consumió lo comprado, así que… ¿Cómo me pagaran por ella? – La moneda de cambio en Nehmen era muy variada, oro, cuerpos, sexo, esclavos, objetos, licores, cualquier cosa que quisieran, e incluso más.

Sophitia no quería darle nada, pero tampoco podía destruir el lugar o vendrían a buscarla luego.

-¿Qué quieres? – Así empezaba la negociación, la pirata sabia que el comerciante era conocido por ser un eunuco con gustos extravagantes, solo esperaba que su pedido fuera algo dentro de lo posible.


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Florangél el 27/04/14, 10:12 pm

En circunstancias normales, Flor se hubiera convertido en gorila al ver a Sophitia agarrar a Tobías por las ropas y hubiera salido con el desmayado pirata en sus brazos del local,  en un dos por tres; en circunstancias normales, hubiera vuelto a mimetizarse tras señalarle el objetivo a su hermana para no perder la ventaja de la sorpresa ante cualquier problema que pudiera surgir.

Pero esas circunstancias estaban lejos de ser normales para la muchacha, ni siquiera eran normales dentro de la anormalidad que había gobernado su vida  desde que involuntariamente abandonara su reino natal. Todo lo que había a su alrededor era tan lejano a la experiencia de la muchacha, tan distinto a lo que difusamente había imaginado, que su iniciativa se había reducido a casi nada y sólo se quedó parada mirando a la pirata actuar.

Florangél nunca había visto a un eunuco en su vida, ni tan siquiera sabía que existía, así que cuando el dueño el local hizo su aparición, su voz y su aspecto – que en circunstancias normales le hubieran arrancado una inoportuna carcajada – le hicieron creer por un momento que estaba ante una aparición, por lo ridículo e incongruente que resultaba en comparación al ambiente que lo rodeaba.

Por supuesto, la charla del recién llegado con su hermana le mostró claramente a la nacossedina que aquel sujeto era muy real  y, más aún, la hizo reaccionar. Aprovechando que el recién llegado parecía tener toda su atención puesta en Sophitia, fue mimetizándose lentamente – la poca prudencia que de vez en cuando  lograba usar, le aconsejaba no hacer nada muy llamativo en esos momentos – hasta fundirse por completo con el ambiente.

Flor sabía perfectamente que ni ella ni su hermana tenían dinero suficiente para pagar la espada y no estaba dispuesta a que ninguna de las dos tuviera que pagar con su cuerpo -  la única otra forma de pago de cuya existencia se había enterado hasta  el momento en sus andanzas – pero tampoco estaba dispuesta a dar por perdida la espada de Kirill.

Si ella la había perdido, ella la recuperaría, aunque tuviera que robarla para conseguirlo. Con esa idea en la mente, la muchacha fue alejándose rápida, pero sigilosamente, de la pirata y el comerciante, eludiendo los cuerpos tendidos, dispuesta a registrar de punta a cabo el lugar, hasta encontrar la dichosa arma. ¡Ojalá su hermana mantuviera entretenido al dueño del establecimiento hasta que lograra su cometido!
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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Kirill el 15/06/14, 02:35 pm

FDI. Perdon, de tanto posponerlo se me olvido que me tocaba a mi...

La autoflagelación mental de Kirill se vio interrumpida por el sonido de un leve carraspeo. Al levantar la mirada, la mujer (nada más que una prostituta pirata, se recordó Kirill) había vuelto y se encontraba inmóvil, manteniendo con una mano las sedas que tapaban la entrada a una puerta lateral.

- Por aquí, por favor.

Siguió manteniendo las telas hasta que Kirill volvió a animarse de movimiento y pasó a través de la puerta. Ella le siguió y la entrada volvió a quedar oculta.

- La Madama te ha reservado unos minutos - le indicó, a lo que el mago juzgó apropiado responder con nada más que un ceño fruncido.

Ella también frunció el ceño ante tanta altanería, y estuvo a punto de no darle el consejo que había determinado prestarle. Sin embargo pronto recordó su entrenamiento y, en su opinión, su superioridad frente a aquel extranjero que acudía a un prostíbulo a pedir favores; relajó el gesto y sonrió calmadamente, manteniendo hasta el final del pasillo el leve contoneo con el que se había estado moviendo. Agarró las sedas que cubrían otra puerta y se giró hacia él antes de apartarlas.

- La Madama odia que le llamen Annabeth. Imagino que no eres de aquí, o lo sabrías.

El tono con el que le había recordado que no era de allí sonaba levemente despreciativo a oídos de Kirill, acostumbrados ya a reconocer burlas de los piratas. Se giró hacia ella con la intención de replicar, pero la mujer, con una sonrisita divertida disimulada en la comisura de los labios, ya había apartado las telas. En la sala contigua, una mujer mayor esperaba sentada mientras leía.

- Pasa - ordenó, dejando el libro tras notar el movimiento de las telas.

Kirill le dedicó una mirada enfadada a la mujer joven, otra a Annabeth, y finalmente avanzó al interior de la sala sin haber llegado a responder nada a la pequeña puya que había recibido. Por supuesto que no soy de por aquí, gritaba su mente.

- Estoy buscand...

Se pausó y miró a Annabeth de arriba abajo. Esta mujer le hablará de mí más tarde a Sophitia, pensó de golpe. La idea de Sophitia sintiéndose superior mientras la Madama le contaba lo fuera de lugar que había estado Kirill hacía que le chirriaran los dientes. Quizás valdría la pena causar una buena impresión para enseñarle a esa sucia pirata lo que son los modales.

Realizó una educada reverencia.

- Soy Kirill Skatha, un extranjero a estas tierras. Lamento si mis modales han sido bruscos pero aún desconozco las usanzas de Nehmen - su leve acento extranjero corroboraba esta historia.

- Bienvenido, Skatha - replicó la mujer sin que su gesto cambiara en lo más mínimo -. Me llaman la Madama, pero seguro que ya lo sabes. Te envía Sophitia, ¿cierto? ¿En qué podemos ayudarte?


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Sophitia el 07/07/14, 10:28 am

Si no lograba ser buena negociando ya mismo podía retirarse de la piratería, de comerciante ilegal a comerciante ilegal tenían que llegar a algún tipo de acuerdo con el dueño del local. El gesto de Sophitia era rudo, apretaba la mandíbula para aguantarse las ganas de romperle la cara ahí mismo, mientras, él la miraba con una sonrisita satisfecha mal disimulada, sabía que en esa discusión la muchacha tenia las de perder.

-Sinceramente, mmmm, no podría … No se qué podrían darme – Fingía ponerse en difícil con las condiciones, la pirata lo fulmino con la mirada, pero el hombre había trabajado en Nehmen toda su vida y no se amilanaba fácilmente – Oh, no te preocupes querida, estoy seguro que algún modo encontraran para pagarme…

Solo entonces Sophitia se dio cuenta de que su hermana ya no estaba, no hizo comentario alguno, no estaba del todo segura de qué era lo que tenía planeado Flor, pero confiaba en ella así que seguiría la corriente .

-No me vengas con estupideces, dinero no tengo, y no voy a traerte a otro muchachito para que termine como el de la ultima vez, dime algo que pueda hacer y ya terminemos con esto – No se sentía especialmente orgullosa de todo lo que hacía, pero calmaba la poca decencia que tenia diciéndose a sí misma que había sido necesario- Si quieres trabajaré de gratis, o no se…

-No querida, ciertamente me las arreglo muy bien solo, mis clientes son personas muy tranquilas – La pirata se guardo el comentario que tenía solo para no complicar más las negociaciones – Pero si me gustaría una ayudante, una bonita muchachita que me ayude a vestirme, maquillarme, peinarme, tu sabes…

-¡De ninguna manera, Flor no trabajara en este asqueroso lugar!- Sabia lo que ese intento de ser humano quería, iba a quedarse con su hermana durante algún tiempo, la querría volver adicta a esas porquerías para que luego trabajar gratis el resto de su corta vida a cambio de una nueva dosis.

-¿Por qué no dejamos que ella decida? – Dijo mirando alrededor – Y por cierto… ¿Dónde está? – Su tono cambiaba rápidamente a uno de sospecha – Tu… ¡Tenían todo esto planeado para robarme!

-Oye, oye, tranquilo, nadie va a robarte nada, Flor salió afuera porque estaba descompuesta con el olor del lugar… ¿No puedo trabajar yo en lugar de Flor? – Intentando cambiar el foco de la charla.

-Ja, querida, es más que evidente que siquiera sabes lo que es un peine – Dijo con una risita entre dientes que irrito mucho a Sophitia.

-A la siguiente broma que hagas te quedas sin dientes, gordo, di otro precio - La paciencia de la muchacha estaba a su límite, y el solo pensar que estaba pasando por todo eso solo para darle una estúpida espada a un maguito idiota la hacía enojar aun mas, esperaba que él la estuviera pasando tan mal como ella.


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Florangél el 07/08/14, 07:48 pm

Florangél recuperaba su temple a medida que avanzaba, el tener un objetivo claro le ayudaba a abstraerse del deplorable espectáculo que había alrededor, y sus ojos se habían acostumbrado a la escasa luz reinante lo suficiente como para que no le costara mayormente encontrar una puerta distinta a aquella por la que habían entrado. La muchacha movió el pomo con cautela para no hacer ruido y comprobó que no tenía seguro, lo cuál en realidad no era muy sorprendente ¿Qué podrían hacerle los muertos vivientes tumbados a qui y allá al … ser que en esos minutos negociaba con su hermana?

Contenta de poder abandonar, por un rato siquiera, la macabra sala en que se encontraba, Flor cruzó la puerta... y se quedó con la boca abierta: la habitación era diametralmente opuesta a aquella que acababa de abandonar. Si en aquella predominaban la oscuridad, la mugre y la miseria, aquí abundaban la luz, la limpieza y hasta el lujo ¡Ciertamente, al dueño no le gustaba privarse de nada, ni siquiera en su lugar de trabajo!

La chica apreció por algunos instantes los bellos candelabros y los elegantes muebles, así como los tapices y cortinajes que adornaban el lugar, sin que a su atención escaparan las botellas de licores y una fuente llena de confites que se veían deliciosos pero que, curiosamente, no le resultaron apetecibles y comprendiendo de donde sacaba el dueño el dinero para todo eso y seguramente mucho más, sintió la ira crecer en su interior. ¡No se iría de ese lugar sin la espada, ni sin darle al comerciante un susto inolvidable!

Vuelta a ser la Florangél de siempre, no tardó en encontrar la espada en un arcón primorosamente labrado y, tras apropiarse de ella, puso en marcha su plan de castigo. Envolvió el arma en un gran trozo de tela que cortó de una cortina, junto a todas las botellas de ron que pudo identificar - a Sophitia le iban a encantar –, y acto seguido, convirtiéndose en un gigantesco gorila, destrozó el lugar en sólo algunos instantes. Eufórica, llena de adrenalina, entró como una tromba en la habitación donde discutían su hermana y el eunuco y se plantó delante de este último, gritando ferozmente y dándose golpes en el pecho, claro que sin soltar su precioso atado.
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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Kirill el 15/08/14, 07:12 pm

- Sí. Sophitia me indicó cómo llegar.

No le gustaba decir que le había enviado Sophitia. No le gustaba cómo sonaba, y por no resultar maleducado contradijo las palabras de Annabeth de aquella manera y no con peores modos y un claro desprecio hacia la pirata. Se mantuvo de pie delante de la Madama y su mano izquierda intentó apoyarse en el pomo de su espada, que sin embargo no estaba allí. Procuró disimular el desagrado que le causó darse cuenta de la ausencia del arma, pero no pudo evitar desviar la mirada y al volver a levantarla se dio cuenta de que Annabeth había seguido todos sus movimientos.

- Se trata de una espada - prosiguió Kirill.

- ¿Tu espada? - comentó inmediatamente Annabeth.

Kirill frunció los labios. La respuesta a aquella pregunta fueron tres segundos de un silencio que era un asentimiento tácito, tras el cual volvió a seguir con toda la educación de la que era capaz.

Aquella forma de conversar le recordaba viejos tiempos perdidos. Habría esperado sentirse raro, pero a decir verdad no le era difícil ni extraño dirigirse a Annabeth como quien se dirige a una reina en su trono. En el momento en que decidió ser educado, el porte de Kirill se volvió recto y formal y sus gestos respetuosos; su traje bien podía ser el atuendo de viaje del noble de un país que nunca olvida la guerra - y eso era -, y su pelo enmarañado y sudoroso el resultado de un viaje apresurado y urgente.

Por los momentos en los que se mostraba así se burlaban de él los piratas. El resto del tiempo, con una vieja camisa de lino y los pantalones marrones anchos, con su talla y su forma indecorosa de hablar, con sus mil cicatrices y su indiferencia a la crueldad, podría pasar por pirata y se encontraba bien entre ellos. En tales ocasiones los piratas podían olvidar su buena dentadura, su palidez demasiado acentuada, su tendencia a mantenerse todo lo limpio que la isla le permitía; pero siempre había algún momento en el que su educación resurgía y que le condenaba al desprecio de quien le viera. Pero en aquella ocasión su trato no pareció molestarle a Annabeth, sino todo lo contrario.

- Una espada extranjera - especificó Kirill - que para los piratas no tendrá más valor que un sable. Tenemos noticia de que Tobías la robó; quería traérosla para vendérosla. Sin embargo es un bien que me ha sido robado y que preciso recuperar. He venido buscándola.

La mujer no dijo nada inmediatamente. Se quedó inmóvil unos segundos, como considerando lo que acababa de escuchar.

- Tobías no ha venido aquí - dijo finalmente -. Así que no ha podido venderme esa espada. Si hubiera venido se la habría comprado. No nací ayer, no creo que sea una espada sin valor, y me gusta coleccionar estas cosas. Pero porque te envía Sophitia os haré el favor de no comprarla si viene por aquí. Le diré que es una antigualla sin valor. Ahora - continuó -, puedes esperar aquí a que Tobías aparezca, y en cuanto se vaya pensando que la espada no tiene valor, ir tras él.


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Re: Y una botella de ron

Mensaje por Sophitia el 01/09/14, 01:30 pm

Las negociaciones estaban estancadas, el empolvado negociante ponía como único pedido el que Flor trabaje con él, y la pirata se negaba rotundamente a dejar que su hermana pasara ni tan siquiera un minuto a solas con el hombre. Podía soportar que la muchacha trabaje en un bar, en un puesto callejero, o incluso en un barco pirata si fuera necesario (y solo si Sophitia también iba), pero de ninguna manera la dejaría en manos del asqueroso ser que tenía en frente.

-¿Crees que no sé lo que planeas? Pretendes volver a Flor adicta a esta porquería que vendes – Apretaba tanto la mandíbula mientras hablaba que las palabras apenas y se entendían.

-Mi mercadería es de la más alta calidad, la mejor de toda la isla, de ninguna manera te dejare insultar mi negocio… - Le respondió herido en su orgullo de comerciante – Tu “hermana” parece lo bastante grande como para decidir sola ¿No lo crees? – Acentuando en tono irónico el supuesto lazo familiar.

-Me importa un cuerno lo que creas que ella puede decidir o no, dime otro precio o la negociación se termino aquí- Y entonces tendría que robar la espada, el negociante se enojaría con ella y tendría un nuevo enemigo en la ciudad ¿Todo para qué? Para ayudar a Kirill, vaya recompensa.

-Entonces ya puedes agarrar a tu muchacha e irte, porque no necesito nada que puedas darme – Ahí se terminaba toda posibilidad de cerrar un trato, y también toda posibilidad de charla alguna. Comenzaba el siguiente problema de Sophitia, como encontrar a Florangel antes de irse, pero no fue necesario que pensara mucho, un enorme estruendo se escucho en el fondo del local, alguien o algo rompía objetos metálicos y cerámicas por lo que se podía oír.

El comerciante se puso pálido al escuchar de donde venia el escándalo, abrió la boca en mudo gesto de horror y en un rapto de desesperación se dirigió hacia el cuarto donde guardaba todos sus tesoros. Pero siquiera pudo llegar, casi al instante un enorme y enojado gorila se planto frente a él, demostrando su potencia con sendos golpes en el pecho.

El rechoncho comerciante se cayó de espalda al piso, mirando aterrado al inmenso animal, Sophitia podría jurar que el hombre se había hecho en los pantalones del susto. La pirata se tapo la boca para no largar una carcajada ahí mismo, algunos de los clientes despertaron de su transe e incluso hicieron el intento de irse del lugar, sin mucho éxito.

-Ahí tienes, pregúntale si se quiere quedar – Ahora ya no podía aguantarse la risa, se agarraba la panza porque le dolía de tanto burlarse – Por ahora nos retiramos, búscate a alguien más para estafar.

Sin esperar respuesta la pirata se encamino hacia la salida del local, cuidándose de no andar pisando clientes. Sentía que el agotamiento comenzaba a ganarla la partida, tenía que terminar con esto lo antes posible.


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