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La huida.

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La huida.

Mensaje por Lunne el 21/03/14, 06:03 pm

/Abro nuevo tema a partir del anterior (desde Thialir). Estado de la cuestión: Mi pj se encuentra dentro del baúl de un barco de mercancías rumbo a esta misma zona. Libre.

Extraño el silencio dentro de un ataúd.

Dentro de un ataúd recubierto por telas de colores a los flancos, un ataúd arcoiris.

Sobre todo si el ataúd es la metáfora en la que una cree seguir inmersa, quizá para volver menos ridícula su situación dentro de un baúl mal agujereado para que la ausencia de aire no le sofocara los pulmones, acurrucada entre tejidos varios y vestida con la ropa de una prostituta.

Había perdido la noción del tiempo (El espacio directamente no existía. Solo era un agujero negro inmerso en el almacén de un barco renqueante continuamente tragado y escupido por las olas). No recordaba realmente cuántas veces había dormido, cuantos días habían pasado. Los sueños, hormigueantes nebulosas que se apoltronaban entre esas cuatro paredes cada vez más asfixiantes, poblaban un universo extraño y pastoso en el que muchas veces se confundía. Una luna, dos lunas, un extraño, un demonio. Sangre. Una flauta, un loco desaparecido, su madre carbonizada (Entonces notaba todavía más el frío de latón de su colgante contra su pecho sumergido en ese pequeño mar de telas). El hombre extraño y enfurecido. Su muñeca hecha trizas.

La oscuridad no la molestaba. Los bamboleos ya le habían prodigado más de un desagradable esfuerzo titánico por tragarse las arcadas. El hambre, y sobre todo la sed, habían tomado cada vez un cariz más serio. El ácido roía su estómago, sentía la garganta como un trozo de esparto. Tras dos jornadas (lo que le pareció jornada en esa espiral atemporal cada vez más imbuida por el olor de su propio sudor y suciedad), se había apoltronado todavía más contra las dos rendijas abiertas en el costado del baúl a punta de navaja, y había llegado a intentar ensanchar los agujeros con sus propias uñas.

No había sido demasiado inteligente en su último precipitado "plan", ciertamente. De hecho, conforme más sentía los oleajes en la garganta, más estúpida se sentía. Nada de lo que había hecho era racional. Un instinto extraño, animal.

Animal.
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Re: La huida.

Mensaje por Lunne el 21/03/14, 06:21 pm

El segmento amortiguado de una voz estentórea se deslizó hacia sus oídos amodorrados. Dentro de su estado de casi fosilización, un vuelco de nerviosismo le sacudió el pecho cuando se dio cuenta de que probablemente el barco ya habría llegado a tierra.

Tomó otra bocanada de aire y cerró los ojos. Aun en la oscuridad de su propia cabeza, el vacío no podía dejar de moverse. Pero tendría que parar. La siguiente cuestión era cómo escabullirse. Un amago de pánico se deslizó en su esternón cuando comprendió que apenas había desarrollado un plan secundario. Cuando se metió como una idiota dentro de un baúl, no pensó en qué hacer después. Solo quería dormir, y olvidarse, caer en la negrura y la tersura de las telas. Pero el sueño, por su propia definición, siempre termina, y los golpes de la realidad, el sofoco y la asfixia la instaban a volver a reaccionar.

Ladeó levemente un cuello para crujirse una vértebra, mientras suspiraba de forma entrecortada. En efecto, el vaivén del mar se hacía más brusco, pero por encima del almacén podía sentir el incremento de los pasos, y, pese a la lejanía y las capas de pared entre el mundo de los vivos y su infierno particular, podía incluso percibir de nuevo esa amalgama de olores tan característica de la gente, mezclándose entre el aroma urticante del salitre.

Pensar, actuar, pensar, actuar...Solo tengo que despertarme, despertarme del todo.

Así que intentó ser más consciente de sus músculos, de su respiración fatigada, de sí misma. Comprendió que la reacción dependía de las ramificaciones del azar, de cada situación.

De repente, un golpe seco se deslizó por el ambiente casi enrarecido. Los bamboleos dejaron de cesar (aunque persistían en su cabeza). Cerró los ojos de nuevo, buscando a la vez la máxima tensión y la máxima relajación.
No tardarían en venir a buscarla, a sacarla de la oscuridad.
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Re: La huida.

Mensaje por Lunne el 22/03/14, 06:52 am

El tamborileo de los pasos, cuya organización resultaba algo desconcertante desde las sombras de un arcón, fue haciéndose más patente. En un instante que a Lunne le pareció que no terminaría de prolongarse nunca, dos pares de zapatos retumbaron hacia su posición, un baúl entre otros baúles. La estocada lateral del cofre, por un momento, se ornamentó con un ojo de iris añil y pupilas casi desgarradas en vertical, un ojo fijo a la par que medio embotado. Tuvo que entrecerrarlo, aun desde su posición, cuando un deje de luz se coló por la rendija de la puerta, hiriéndole una córnea todavía más acostumbrada a las tinieblas.

Se ladeó instantáneamente cuando por fin quedó al alcance de su ángulo visual la cara del primer marinero, surcado por las mordeduras del sol y del viento y cubierto por dos jirones de barba del mismo color ocre y parduzco que su rostro. No cesaban de hablar con sus sendas voces de piedra, pero sus palabras se difuminaban cuando Lunne quería hacerlas pasar por el filtro del entendimiento.

-Al carro, al carro - la prisa y la brusquedad impregnaban la segunda voz, visiblemente impaciente.
Un gruñido como respuesta y, de nuevo, una sensación de ingravidez. Escuchó los juramentos prodigados por uno y otro mientras el bamboleo volvía, esta vez por causas muy distintas.
-Jo...der. ¡Ni que llevaran un muerto estas putas telas!

Deslizó sus manos con sigilo hacia la parte de arriba del baúl, esperando que los dos agujeros laterales solo dejaran ver, de nuevo, el mosaico de telas contra él. Se dio cuenta de que la tensión había vuelto a curvar sus dedos en una mímesis de garras trémulas, así que las apretó en un puño conforme las miraba con fijeza.

Fue quizá uno de los momentos más críticos de su curiosa travesía. Luchando por no desfallecer, intentaba mantenerse en el centro de gravedad para no dar con uno y otro flanco del cofre. Aunque no pudo percibir realmente la llegada a la luz, sí sus fosas nasales se impregnaron de olores, nuevos olores esta vez cerca. Casi podía, incluso, oler el día.

Se mordió la lengua para tragarse un respingo cuando se sintió abruptamente tirada al suelo, aunque estaba bien amortiguada. No podía ser más peculiar su primera visita a Adysium. De repente más voces, y de nuevo la sensación inconfundible de la muchedumbre (todavía más profusa que en su pequeño suburbio de mala muerte en Thialir) llegaron a hacerle un nudo en su sufrido estómago.

Ya apenas se percató de cómo volvían a levantar el baúl, su curioso sarcófago, entre un sinfín de palabras, jadeos y risotadas, para de nuevo confundirla entre más bloques a bordo de un carromato. Reconoció el olor de los caballos y sus relinchos, y solo le quedó desear que esas pobres bestias la llevaran a un lugar no demasiado peligroso.
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Re: La huida.

Mensaje por Zeiss Ethesian el 22/03/14, 01:24 pm

El conductor del carro, un pelirrojo de aspecto aburrido con una singular cicatriz cruzándole el ojo izquierdo, acariciaba las crines del caballo mientras esperaba que los marineros terminaran de cargarlo todo. "Los magos son muy crédulos" pensaba distraídamente al ritmo acompasado al que acicalaba las crines. "Y Adysium es una ciudad fea."

Francamente no tenía ni idea de qué había en aquellos baúles, pero sospechaba que nada demasiado valioso ni mágico. O al menos eso daban a entender los marineros, visto cómo tiraban sin la más mínima delicadeza baules dentro del carro, y los propios magos, ya que Zeiss estaba consiguiendo hacerse pasar por el empleado contratado para llevarles los artilugios sin la más mínima dificultad.

Creía que incluso se había esforzado demasiado para lo fácil que había sido. Haciendo carterismo aleatorio había robado un comunicado oficial de retraso de la llegada de mercancías. Y otro día, metiéndose en una casa a refugiarse de una tormenta, se había topado con los papeles firmados que daban permiso a un tercero para que recogiera las mercancías en nombre del propietario. El barco era "La Gorgona", las mercancías estaban a nombre de Alastor, y Zacarías Schmidt iba a recogerlas en 4 días. Con esto, prácticamente se lo habían dado todo hecho, bien masticadito y simple.

Zeiss no tardó en falsear un documento oficial que informaba a Alastor de que sus mercancías se retrasarían en llegar debido a una tormenta. Y el mismo día que realmente llegaban las mercancías se había hecho con el documento que le daba permiso de recogida del bolsillo del propio Zacarías. Zacarías ahora mismo lo estaría buscando como loco pensando que lo había perdido, pero que aún tendría un par de días para encontrarlo hasta que llegara el barco.

Por supuesto, en cuanto se supiera que el barco había llegado, un extrañado Alastor haría aparición en el muelle, buscando responsables y culpables... Cuando ese momento llegara Zeiss quería estar muy lejos. Y sospechaba que no tardaría en correr la noticia, dado que no era especialmente pronto por la mañana. Así que en realidad tenía cierta prisa por que los marineros cargaran la correspondiente parte de la mercancía en el carromato, pero ponía su mejor cara de aburrido y ocioso para no provocar sospechas. De todas formas los marineros ya tenían bastante prisa por terminar el trabajo del día.

Poco después, gracias a la buena voluntad de los marineros, el trabajo estaba completado. Zeiss, supuesto Zacarías, subió a la parte delantera del carro y animó a los caballos para que se movieran. Si había alguien más incapaz de guiar a un caballo ese era Zeiss, pero por suerte conducir un carromato no era muy difícil, y había tenido suficiente práctica viniendo hacia allí.

Lo cierto es que el robo del carromato el día anterior era otro tema que levantaría sospechas muyyyyy pronto.

Condujo a los caballos por el camino hacia la casa de Alastor solo el tiempo que fue imprescindible. En cuanto creyó que no había testigos, en cambio, se desvió hacia una callejuela lateral. Había estudiado la ruta, por supuesto, para asegurarse de no acabar acorralado en un callejón sin salida. Su objetivo estaba a las afueras, y la  mayor parte del recorrido transcurría por camino adoquinado para no dejar rastro, aunque hiciera más ruido. Pasó largo rato recorriendo calles, sin prisa y muy atento para dejar el carro y salir corriendo si le encontraban demasiado pronto, hasta que finalmente llegó hasta unas casas abandonadas a las afueras, detrás de las cuales aparcó.

Ahora sí tenía prisa. Saltó de un brinco del asiento del conductor y abrió la parte de atrás del carromato. No podía cargar todo aquello ni escapar con el carro, así que el éxito dependía de encontrar cosas de valor livianas entre el cargamento. Abrió un baúl apresuradamente... y encontró telas.

Zeiss se rascó la barbilla, haciendo cálculos mentales de cuánto podían darle por telas como aquellas. En realidad no tenía ni idea del precio de venta, pero sospechaba que no le darían lo suficiente como para compensar el riesgo que estaba corriendo. Abrió el siguiente baúl, pero lo que encontró fue más de lo mismo.

Así que telas. Si hubiese estado con su hermano, Heath, éste le habría llamado pelícano por haber dado un golpe tan absurdo.

Entonces algo llamó la atención del ladrón. Rápidamente apartó algunos baúles y tiró de otro hacia fuera para tenerlo bien accesible y poder abrirlo. Tenía un candado, así que su mente elucubró que lo más valioso debía estar allí dentro. Con presteza sacó sus ganzúas y puso la oreja contra el mecanismo para escuchar los pequeños clics del hierro hasta que éste cedió; el baúl quedó abierto, revelando de nuevo... telas.

Y una persona. No olía especialmente bien, y estaba medio oculta entre telas, pero era una persona.

- Oh, qué agradable sorpresa - dijo Zeiss sin el más leve rastro de ironía.
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Re: La huida.

Mensaje por Lunne el 22/03/14, 07:18 pm

Y de repente, la luz.

Entre los traqueteos, los giros y las callejuelas, mientras la pared de su baúl se chocaba con los demás, Lunne intentaba despejar toda bruma de inconsciencia definitivamente, así como luchaba por calmarse e intentar distender los tendones de sus manos. El rodeo que había dado el carromato no le pareció extraño hasta que notó cómo el ruido de las callejuelas se fue haciendo cada vez más difuminado. La cuestión de un secuestro (¿secuestro de qué?) o robo ni se le había pasado por la cabeza.

Hasta que se hizo la luz.

La bocanada de aire fresco, que recibió como un abrazo de vida, la hicieron soltar un resuello jadeante, mientras sus fosas nasales se esforzaban más y más  por albergar toda la nueva ventilación posible. Pero sus párpados se apresuraron a cubrir sus heridos ojos. Todavía no era capaz de distinguir las formas, y el raciocinio no se había asentando del todo para que pudiera sorprenderse de verse descubierta en medio de una callejuela abandonada.

Pero entonces, lo vio. Había una figura contra la luz, una figura extraña.

Parpadeó con fuerza, y la sorpresa, que la embargó entonces por retardado, hizo que se incorporara como un resorte, con su mochila contra el pecho.

-Oh, qué agradable sorpresa- le oyó decir al desconocido.

Se mantuvo contra una pared del cofre, inmóvil como un gato descubierto. Había calculado una y mil veces cómo, en caso extremo, saltar del cofre (había sido capaz de escalar un edificio y pelear contra un demonio ¿no?) y volver a intentar a correr con la demencia de un animal. Pero la extrañeza (y seguramente, por otro lado, el tono de las palabras del extraño) parecía haber petrificado sus músculos.

Lo observó como si estuviera atontada, con la boca semi abierta, taladrándolo con las pupilas. Pero el desconocido consiguió captar su atención. Rasgos afilados, mirada indefinida. Entrecerró un poco más los ojos al atisbar su característica cicatriz. Apenas se dio cuenta de lo primero que salió de sus labios.

-Agua...-no estaba segura de si lo había dicho en voz alta o no, pero la asimilación de la luz de sol (no estaba lo suficientemente despierta como para darse cuenta del recurrente malestar y picor que comenzaba a campar por la superficie de su piel al entrar en contacto con los efluvios del astro rey) hacía más patentes sus necesidades vitales.

Intentó incorporarse, notando la tensión, mientras comenzaba a recalcular (siempre recalcular...) cómo reaccionar ante el extraño. Apenas se enderezó, perdió el centro de gravedad (cosa poco rara en ella) y el baúl se precipitó hacia atrás. Soltó un grito todavía más ronco por la sed y el cansancio, mientras daba con la espalda al suelo entre una miríada de sedas de colores. Pero poco digna debía ser su postura, más teniendo el cuenta el tipo de vestimenta que había tenido la habilidad de agenciarse.

Se ruborizó sin saber muy bien de qué, intentó darse la vuelta y así levantarse completamente. Antes que eso, echó de nuevo otro vistazo inquisitivo a su característico  liberador. Levemente tambaleante, se quedó en esa postura, con los rizos contra la cara, a pocos metros de Zeiss. Estaba en una posición extraña, una transición entre quedarse muy quieta o echarse a correr. No se había dado cuenta de que entre su estrepitosa caída, su flauta de madera se había deslizado fuera y había quedado oculta por el estropicio en el suelo.

Se llevó una mano a la nuca, cubierta de sudor, sin apartar la vista. Cuando notó la respiración más normalizada, solo se le ocurrió decir:

-...¿Hola?
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Re: La huida.

Mensaje por Zeiss Ethesian el 23/03/14, 02:50 am

- ¡Hola!

Zeiss saludó alegremente de vuelta. Encontrarse a una joven metida en un baúl, vestida de dudosas prendas, medio muerta y que además acababa de caerse al suelo no parecía ser motivo de sorpresa alguna para él. Al contrario, aparentaba haber estado esperando aquello y estar contento de que todo se desarrollara como había previsto. Había interrumpido lo que estaba haciendo, sin duda, pero debía deberse a una pausa educada para tratar con su interlocutora.

En realidad, por supuesto, se estaba preguntando qué demonios hacía esa chica metida allí dentro. Su mente ya formaba elucubraciones, ayudadas por lo extraño de la vestimenta y la situación. ¿Quizás acababa de impedir un secuestro? ¿Tráfico de humanos? ¿Era una elegante señorita que había tenido que huir de su casa con intención de fugarse con su amada, para lo cual había tenido que confinarse en un cofre durante una larga travesía? En tal caso Zeiss era el malvado que estaba posponiendo la reunión de los dos amantes al haber secuestrado inadvertidamente al baúl. Tenía gracia, y la chica estaba hecha un asco. Algo dentro de Zeiss hizo "aw" cuando, viéndola así, como un gatito sucio, confuso y abandonado, consideró llevársela a comer pastelitos por la ciudad... pero luego recordó que en Adysium no sabía dónde vendían pastelitos como los de Trinacria, los que le había enseñado Sam.

- ¿Quizás podría ofrecerte algo de agua? Es posible que la necesites para indicarme qué hay de valioso en estos baúles. ¡Has estado dentro de uno!, ¿quién mejor para saberlo? Apuesto a que te conoces tooodas las fábricas de ese baúl. Estoy intentando hacer una primera criba de todo esto para mi señor, el mercader que las compró, pero claro, no soy muy hábil en cuestión de telas.

Explicó esto con total naturalidad y una sonrisa afable, quizás un poco exagerada, mientras señalaba a su alrededor. Había una minoría de cofres abiertos de los cuales surgían telas revueltas por Zeiss, quien había intentado discernir si no habría algo más oculto dentro de los baúles. Del cinturón descolgó su cantimplora, y sin esperar a que ella dijera "Sí, quiero" se la pasó para que bebiera a su gusto y contento. "Bien, esto es más interesante" pensó Zeiss en aquel momento "aunque quizás no es el mejooooor momento del mundo."

- No bebas en exceso si hace mucho que no lo haces; te dará un ataque de tos. El truco con el agua, como con el chocolate, es ir poco a poco.

Le vendría bien si le ayudaba un poco con aquello de los baúles, ya que estaba, aunque suponía que ella sabría tanto como él sobre calidad de telas y dónde venderlas. Pero aunque no sacara ninguna ganancia de aquello, la situación le divertía lo suficiente como para haber valido la pena. De todas formas Adysium no le gustaba, así que no le importaba arriesgarse de más y acabar teniendo que salir de la isla. Consideró aquello del baúl como un truco a considerar en caso de extrema necesidad.
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Re: La huida.

Mensaje por Lunne el 24/03/14, 01:05 pm

La excesiva simpatía del extraño había conseguido poner a Lunne en guardia. Se mantuvo muy quieta en su sitio, con su invariable ceño fruncido, mientras Zeiss hablaba y hablaba sin dejar de señalar al océano de cendales y encajes y láminas que se había despegado por todo aquel descampado.

Superada la primera mueca estúpida de estupor, se iba profundizando la arruga entre sus cejas, ocultadas por el continuo vaivén de sus rizos cobrizos jugueteando con el viento. Escuchó muy atentamente todo lo que decía, de forma casi cómica, como si le estuviera dictando un sermón, y mientras tanto lo observaba inquisitivamente con tal fijeza que incluso podría pasar por la mala educación.

Algo se agitó en ella cuando le pasó rápidamente la cantimplora. Sujetó la misma con ambas manos, muy fuertes, sin variar en un músculo la expresión de su gesto. Algo no cuadraba, y la natural desconfianza y suspicacia de Lunne se habían disparado a la enésima.

- No bebas en exceso si hace mucho que no lo haces; te dará un ataque de tos. El truco con el agua, como con el chocolate, es ir poco a poco.

No sabía lo que era el chocolate, así que mientras Zeiss volvía a pasear la vista por el surtido de cofres desmembrados en una desorganización y urgencia sospechosa, olfateó rápida, casi instintivamente, el orificio de la cantimplora, esperando percibir algún efluvio que fuera más allá de la insipidez acuosa. La frescura avivó todavía más la sensación de brasas en la garganta, y no pudo poner más reticencias. Sus labios besaron el líquido elemento con una fruición que le provocó escalofríos. Obediente ante los consejos del sospechoso desconocido, fue aliviando sorbo a sorbo las ansias de su faringe martirizada. Mientras se secaba los labios, todavía marcados levemente por los rasguños de todas y cada una de sus extrañas caídas anteriores, volvió a contemplar su entorno, primero la zona en la que había ido a parar y luego a  Zeiss. Mil y una vueltas estaban dando los engranajes de su cerebro dentro de aquella cabeza hecha un desastre.

No, no tiene sentido, no tiene sentido...A ver, cálmate Lunne. Nada de pánico, nada de tonterías. Recuerda todo lo que te ha acarreado abrir esa apestosa boca ante desconocidos y acribillarlos con preguntas. No debo hacer preguntas. El tipo parece que me ha...estado esperando, ¡Que me ha estado esperando! Parece que es el criado de un mercader, según dice. Debe hacer una primera criba de las telas más lujosas...¿Y por qué se ha parado aquí en medio? Más aún ¿por qué se ha apartado del núcleo urbano? ¿Por qué tanta prisa? ¿Y por qué esa "primera criba"? Y lo peor es...¿Cómo puede ser que vea toda esta situación como normal? Como la hija de perra de Aenei se haya ido de la lengua...
¡Oh, por la Dama, ya lo sé! Seguramente esa pequeña zorra lo habrá pregonado una vez haya visto a Jërda y media ciudad buscándome...Mierda, mierda. No sé cómo, pero habrán hecho llegar un mensaje a algún gendarme o sicario o qué se yo, enmascarado, para que intercepte el barco y...¿Pero cómo sabía que sería justo ese mismo barco y este mismo cofre? ¿Y si todo los sabían desde el principio? No, no tiene sentido tanta parafernalia para una mocosa a la cual a la primera podrían haber rebanado el cráneo. Debe de ser algo privado y el tipo este...robaría el carro, me interceptaría y como pago por adelantado tendría las telas ¡claro! O eso es mi teoría más...sólida...Creo.
Vale, vale pero ahora...¿Cómo actuar? Bien. Simpatía y naturalidad ¿eh?...Finge, finge estoy segura. Vamos a seguirle el juego. Quizá no tenga todos los datos para mi supuesta captura. Simpatía y naturalidad...Respondamos con lo mismo. Bien...Recordemos cómo se sonreía...


Se adelantó un paso que procuraba ser grácil, y se obligó a soltar una risita. Esta, tremendamente forzada, salió como un graznido incierto para sus cuerdas vocales poco acostumbradas a ninguna efusión de ese sentido.

-¡Oh, señor! ¡Le pido mil perdones por hacer que me encuentre como estoy! -se tambaleó al pisarse la falda mientras intentaba aproximarse hacia Zeiss con una sonrisa tirante- Ya le habrán comentado que...que...debido a los problemas que usted sabe muy bien que...hemos tenido...me he visto con la guisa de tener que optar por este medio. Pensaba que no interceptaría el cofre, me ha impresionado. Y...y...ahora, si le parece...

Se colocó en medio de las telas, haciendo como que las analizaba minuciosamente, con una mano sobre la cadera y la otra bajo la barbilla.

-Sí, será fácil sistematizar por...orden de valor, con gusto le ayudaré -no tenía ni la más remota idea.

Le tendió la cantimplora desde ese lado con otra...¿sonrisa?

-Muchas, muchas gracias.
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Re: La huida.

Mensaje por Zeiss Ethesian el 29/04/14, 10:27 pm

FDI. Buf, lo siento de veras... un mes ha pasado ya =/

Ese pliegue que se estaba formando entre las dos cejas de la muchacha dejaría arruga, pensó Zeiss mientras dejaba pasar unos instantes. El ladrón no era muy dado a quedarse en silencio, así que viendo que la muchacha tardaba un poco en contestar estuvo a punto de retomar su propio monólogo. El más mínimo pretexto le habría servido para ponerse a disertar sobre cualquier tontería y pasar así un rato largo llenando el silencio. Ella terminó por hablar, sin embargo. Y lo hizo con una sonrisa, como la muchacha bien educada que sin duda debía ser... aunque la risa inmediatamente anterior desmentía toda posible gracilidad y apuntaba más a una urraca. Zeiss se dijo internamente que, sin duda, en condiciones normales su risa debía ser angelical, pero que debía comprenderse que la joven no se encontrara en condiciones óptimas. De la nada, decidió que tan clara y grácil debía ser su voz en realidad que sin duda sería cantante.

La sonrisa tirante, en cambio, no había forma de justificarla. Suspiró internamente por aquel detalle, aunque por fuera se mantuvo tan tranquilo, sonriente, y levemente falso como antes. Estaba bien que ella le siguiera el juego, y si bien parecía por lo mucho que dudaba que no se le daba del todo bien, Zeiss no dejó que aquello influenciara su forma de tratarla.

- ¡Por favor! -se exclamó cuando ella le tendió la cantimplora, devolviendo esta vez una muy radiante y aparentemente sincera sonrisa - ¡Soy yo quien debe darte las gracias! No sabes el favor que me estás haciendo; empecemos por esas mismas telas que estás mirando, si te parece. La verdad que tengo un poco de prisa.

Se decidió por tutear a la muchacha por mucho que ella insistiera en tratarle de señor. Le daba mayor apariencia de cotidianidad a la escena. Y en cuanto a interceptar el cofre... ¡qué interesante! Quizás se podía escavar un poquillo más por allí mientras se ponían manos a la obra.

Zeiss había señalado las telas que ella tenía al lado y que quedaban en cambio un poco más lejos de él. Eso les daba suficiente distancia como para que ambos pudieran sentirse cómodos, con suficiente espacio de maniobra para reaccionar si el otro resultaba ser peligroso. Por supuesto, confiaba en que la muchacha iba a tener que agacharse para mirar las telas, mientras que él podía quedarse tal cual, lo cual le daba un poco de ventaja. Esperó un poco a que ella se moviera antes de añadir nada más, y cuando lo hizo cambió el tono. Menos alegre, más sosegado y con la entonación de quien está dejando velada una segunda interpretación a sus palabras, prosiguió:

- Y sí... fui informado. Una desgracia, si quieres mi opinión, que las cosas hayan tenido que ser así. Pero aunque fue todo un poco apurado (ya sabes... - hizo un leve gesto circular con la mano, expresando hastío - la información viaja más despacio de lo que a todos nos gustaría)... no fue difícil.

Frases genéricas, dejadas a la libre interpretación. Con que acertara en una sola de las palabras haría que los engranajes de la muchacha se pusieran a trabajar... Y si fallaba, fallaba. Lo cual no estaría tan mal para concentrarse en las telas e irse rápido de allí. Dejó pasar un par de segundos de silencio; ¿se pondría nerviosa la muchacha? Y pasados estos primeros instantes, volvió a sonreír con aparente sinceridad, como había hecho antes.
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Re: La huida.

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