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Los riesgos de echarse a la mar

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Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 22/08/09, 06:16 pm

Atardece lentamente sobre Denkenia.

Como dicen los ancianos, "los días se van notando". El verano está lejos de acabar, pero es cierto que el crepúsculo llega un poco más temprano con cada día que pasa. Aunque es cierto que, visto sobre la línea azul del horizonte marino, el atardecer es mucho más lento. Las nubes tardan más en teñirse de rojo, y el Sol apura su tiempo.

Si te encuentras en una isla, mirando al horizonte mientras el paisaje a tu alrededor es el de una playa de finas arenas blancas que ascienden en una suave pendiente hasta que da comienzo una pradera verde, frondosa y grande hasta donde te alcanza la vista, entonces el atardecer puede volverse uno de los más largos que hayas experimentado nunca, a medida que el Sol cae del cielo sin producir más sombra que la de los pocos árboles frutales que crecen un poco mas allá de la playa. El cielo está azul, despejado, apenas hay un jirón de nubes en el que puedan verse las mezclas del gran pincel del cielo, que poco a poco se vuelve de un maravilloso color añil claro.

Es fácil quedarse a mirar un espectáculo como ése en silencio, simplemente sorprendiéndose en el lienzo del horizonte de lo maravillosa que es la naturaleza; detenerse a respirar hondo y sentir el puro y fresco aire del mar, que huele a limpio. Es fácil relajarse, sentir que el tiempo se detiene, y...

- Hijos de puta - dijo una voz.

... bueno, quizás no sea tan fácil.

- No, en serio - matizó la voz, que pertenecía a un hombre de media estatura y largos cabellos negros que en ésos momentos estaban empapados y cubiertos de arena. - Sois unos hijos de puta.

Se cruzó de brazos. Desperdigados por delante de él, sentados en la arena y tratando desesperadamente de mirar a cualquier sitio que no fueran los ojos del moreno, la tripulación del Muchachito aparecía desgarbada y tan cubierta de arena como su capitán, que, cruzado de brazos, les reprendía sin importarle lo mucho que parecieran ignorarle.

El oficial suspiró, exasperado.

- O sea, que después de llevar cosa de un mes de travesía, cuando estamos a punto de llegar por fin a Trinacria, y después de que le sobrevivamos a una tormenta de verano en los arrecifes de Kuzueth sin un rasguño, ¿No tenéis otra idea mejor para celebrarlo, patanes indolentes, que emborracharos como lémures y hacer encallar la jodida nave?

Un silencio tenso y culpable se extendía por doquier a través de la playa. Los marineros, tan avergonzados como sinvergüenzas, fingían dedicarse a sus tareas sin hacer demasiado caso al capitán del navío, cuya mano finalmente se estrelló contra su frente en el más antiguo y genuino gesto de pura exasperación. Ni siquiera estaban montando el campamento. Sólo movían cajas y maderas de un lado para otro, intentando parecer demasiado ocupados como para que el capitán les dijera "Tú".

- Tú - dijo el capitán.

Casi se escuchó el sonido del alma del marinero cayendo a sus pies.

- ¿Sí, mi capitán?

- ¿¿Se puede saber qué cojones estáis haciendo??

El hombre tragó saliva.

- Estamos montando el campamento, mi capitán - dijo apresuradamente. - Estamos trayendo las cajas, y las lonas, y recogiendo las velas, y poniendo a salvo la carga, y - se detuvo de pronto cuando el capitán le tapó la boca. - Mmmmhhhmhfff, mhh cphthmm.

- ¿Entonces por qué demonios no veo que haya un campamento montándose?

Los marineros se esforzaron en parecer todavía más ocupados. Había unas cuantas cajas apiladas en torno a las maderas más deterioradas del barco, que por lo demás estaba bastante entero. Se suponía que debían hacer un montón de madera en buen estado para reparar el casco del barco, y otro de madera más inútil para encender una hoguera al llegar la noche. En realidad, y el marinero rezó en silencio para que el capitán no se hubiera dado cuenta de ello, todo lo que habían hecho hasta ahora, con una urgencia más que considerable, había sido poner a salvo las barricas de whisky la media docena larga de cajas de botellas de ron que llevaban en la bodega.

- Ehh... - carraspeó el marinero. - Porque... estamos, eh, trayendo los suministros. Ya sabe el procedimiento, capitán. Traemos las maderas, montamos las cajas, apilamos las tiendas. O algo así. Luego...

- Sé perfectamente cuál es el procedimiento - dijo el capitán. - Lo que quiero decir es por qué no estáis trayendo las cajas, ni apilando las maderas, ni montando las tiendas.

Silencio.

El marinero acertó a señalar, casi desesperadamente, a un hombre que en aquellos momentos salía de los restos del barco, ligeramente mareado a causa del 'accidente', aunque no había habido bajas, ni daños de consideración, ni mucho menos heridos. Era un hombre francamente enorme, de piel plomiza y macilenta y espesos cabellos cerdosos, que vestía un escueto taparrabos de piel y un peto de acero que no le cubría el abdomen. El capitán volvió la vista rápidamente hacia él, y luego volvió a clavar los ojos en el marinero.

- Eh - gimió éste. - El... eh, el gigantón ha... ha perdido algo. Creo. Estábamos, eh, ayudándole a buscarlo. Mi capitán.

El marinero cayó al suelo a plomo cuando el capitán le soltó las solapas de la camisa, y la inercia le hizo levantar los pies cómicamente en el aire. El hombre se volvió de inmediato hacia el norteño, y se acercó a él con paso ligero, airado.

- Estimado pasajero - dijo con su mejor voz, fingiendo que no estaba al borde de un ataque de nervios. - Disculpe de nuevo por todas las molestias que ésta pandilla de zoquetes, quiero decir, mis estimados hijosdelagranpumarineros, disculpe, haya podido causarle. ¿Cabe la posibilidad de que nos ayude a montar el campamento para ésta noche? Procederemos a las reparaciones del barco con el primer rayo de sol de la mañana.

El gigantón norteño miró a un lado y a otro, escudriñando la isla, con el único ojo con el que parecía poder ver. Luego posó la vista sobre el capitán, para lo que tuvo que agachar la mirada considerablemente. Tenía una estatura prodigiosa. Se acarició el menton un instante, contemplando la arena de la playa, y después ignoró por completo lo que acababa de decir el hombre y, ronco por haber tragado agua salada, le hizo una pregunta.

- ¿No habrá visto a una mujer de éste tamaño? - preguntó, haciendo un gesto con la mano derecha que indicaba un tamaño aproximado de unos quince centímetros. - Azul. Beligerante. Llena de cosas que no son suyas.

No necesitó que el marino le contestara para darse cuenta de que iba a tener que patearse la playa en busca de Bonnie. Estúpidos marineros y estúpido accidente de barco. Y estúpido ron. Esperó fehacientemente que ninguno de los marinos recordase a quién le habían dejado el timón unos minutos antes de que todo se fuera a la mierda.

- Olvídelo - dijo. - ¿Pueden arreglárselas sin mí unas horas? Creo que voy a dar una vuelta por la playa, sólo por sí acaso. Avíseme si a sus hombres empiezan a faltarles cosas.

El capitán del Hombrecito volvió a suspirar de forma exasperada, poniendo los brazos en jarra sobre sus costados, mientras observaba cómo el hombre comenzaba a caminar alejándose del lugar del naufragio, playa arriba. Luego miró hacia el mar, hacia el cielo que comenzaba a pintarse de naranja. Faltaban un par de horas, a lo sumo, para que atardeciera.

- Hijos de puta - repitió.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 27/08/09, 09:06 am

Aun faltaban varias horas para que el sol se sumergiera en el horizonte pero sus destellos ya arrancaban olas naranjas al mar. Hacia él se dirigía un barco, apenas una sombra contra la luz, alejándose de las playas de Denkenia. La silueta oscura contra el sol hicieron crecer en la única espectadora de aquella cotidiana belleza, un enorme deseo de plasmarlo en papel. Pero no era el momento, ya había perdido bastante tiempo, de pie en la playa observando como se borraba el rastro del navío en el mar.

Aunque a aquella distancia era imposible apreciarlo aquel barco era pirata, aunque por las experiencias vividas no debía ser de los peores, pensaba la chica al darse la vuelta y empezar a recorrer la playa. Se alegró de haber hecho un esfuerzo por comprarse unas buenas botas cuando comprobó que no le entraba arena. Debía de haber tenido suerte haciendo tratando con ellos, aunque no eran los primeros piratas con los que hacía negocios. Allí donde había nacido, bien se habían encargado los lugareños de espantar a cualquier clase de cliente “decente”, extendiendo su fama más allá de lo que nunca había sido. Y nadie en su sano juicio compraría los mapas trazados por una loca, quien sabe que nuevos caminos podía haber añadido su imaginación. Para que engañarse, ella misma lo pensaría de no ser porque sabía muy bien que las alucinaciones que le marcaban la vida, nunca afectaban al terreno sin que fuera demasiado evidente. Así había acabado vendiendo sus mapas, más detallados que muchos de los que se compraban los poderosos, a piratas.

Pueblerinos charlatanes y morbosos

El boca a boca pronto le había traído más clientes de los que esperaba y las posibilidades de cualquier negocio fuera de aquellos círculos se esfumó. Tenía que irse de allí. En el mismo momento en el que la idea se hizo palabras en su mente se decidió. El siguiente cliente que llamó a su puerta pagó con un viaje. ¿A las islas de Jaspia? Perfecto, ¿por qué no? Solo avisó a su padre de que se iba… sin intenciones de volver. Nadie más notaría su ausencia. Él ya había estado allí hacia mucho tiempo y le dio una carta a su hija, ¿quizás si pasaba por Denkenia podría dársela a un viejo amigo? Claro.

Los piratas se dirigían a Nehmen, pero el capitán con quien había estado tratando las rutas y de alguna manera la había tomado bajo su protección, le había recomendado que no fuera a Nehmen, menos con aquellas pintas de niña buena. El camino les había llevado entre Rhylia y las islas Triskel, así que cuando preguntó si habría algún problema en acercarla a Denkenia, a cambio de una suma de dinero, por supuesto, el capitán incluso se alegró. Durante el camino habían sufrido dos tormentas, y salido prácticamente ilesos, pero al acercarse a Denkenia todo lo que habían encontrado era un viento ideal para navegar y cielos despejados. Ella se había ofrecido a nadar lo que hiciera falta lo que faltaba hasta la playa, pero finalmente la habían acercado con una barca.

Apenas sin darse cuenta, sus pasos se habían acelerado y corría por la playa con una sonrisa más marcada de lo normal. No llevaba apenas peso en la mochila pero la resitencia de la arena hacía que avanzara bastante lenta pero no por eso desesperaba, tenía una buena resistencia, muchas ganas de hacer ejercicio y eran las vistas realmente hermosas. Las praderas que se extendían a su derecha se mecían con el viento, extendiendo su verde por toda la isla visible. La ciudad tenía que estar adentrándose en ellas, pero quizás hubiera un camino que te llevara directamente, más adelante... no le apetecía ahora apartarse de la playa. Ese hilo de pensamientos no pudo avanzar por más tiempo.

Quizás estaba despistada, o quizás la curva que hacía la playa se lo había ocultado hasta entonces pero lo cierto era que ante sus ojos, a unos cuantos metros de su posición, había un gran número de personas, mojadas y desperdigadas por la orilla, entre cajas y barriles. Su barco no estaba mucho más lejos, de hecho estaba demasiado cerca. Paro unos segundos, pero su enseguida retomo la carrera, esta vez con una meta. La playa estaba despejada aparte de ellos, pero ya tenía todos los sentidos alerta.

Sería un enorme paso atrás que todo aquello fuera una alucinación, pero no podía estar segura y se aseguraba de que no hubiera anda desentonando en aquella situación. Los sonidos se correspondían, incluso las expresiones de los rostros, no parecía haber nada fuera de lugar... Si, había unas pisadas extrañas, enormes que se alejaban unos paso de la tripulación, en el camino que ella corriendo iba a recorrer. Frenó justo a tiempo que no tocar la última de aquellas extrañas pisadas sin dueño. Pese a estar alerta se había dado cuenta demasiado tarde y la mejor manera que se le ocurrió de no chocar con su posible dueño fue cayendo de culo sobre la arena, aunque demostró bastante velocidad al levantarse en un segundo, la cabeza agachada y las manos juntas delante suyo.

- Lo siento muchísimo, disculpe mi torpeza - se disculpó con voz clara, viendo por primera vez los pies que habían hecho las huellas.

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 30/08/09, 12:07 am

Por su parte, el norteño con el que Tammare se chocó estaba demasiado ocupado vagando por la playa como para haberse dado cuenta de que la chica se acercaba.

La vista del tuerto recorría las arenas de un lado a otro, una y otra vez. Era bastante difícil no darse cuenta de que buscaba algo mientras avanzaba, cosa que hacía muy lentamente, rastreando poco a poco el terreno. Poco le importaba que fuera a hacerse de noche pronto. Para un ojo que tenía, lo bueno era que le daba igual la hora del día que fuese.

No levantaba la voz, tal vez por éso Tammare no le vio, aunque era bastante complicado no ver a un tipo que sobrepasaba ampliamente los dos metros. Sabía de sobra que la personita a la que buscaba seguramente también le estaba buscando a él, y que, de todas maneras, ella tenía muchas más posibilidades de encontrarle que de que sucediese lo contrario.

Éso no significaba que fuera a rendirse, ni mucho menos, pero tampoco iba a ir por toda la playa, gritando a los cuatro vientos. Pensaba dar un par de voces de vez en cuando, cada kilómetro o así, pero de momento no había visto nada. En cierto modo le sorprendió encontrarse a la chica: Se detuvo de pronto y, en un acto casi reflejo, buscó a su espalda la empuñadura del enorme hacha de doble filo que le colgaba de ella, al mismo tiempo que se giraba con brusquedad... para ver a una chica de piel pálida y cabellos rubios que le pedía humildemente disculpas.

El tuerto enarcó las cejas casi sin quererlo, analizando detenidamente a la recién llegada. No la había visto en el barco, ni parecía... bueno, no había visto a los nativos de la isla, ni siquiera sabía si la isla tenía nativos, pero lo que había imaginado de ellos no se parecía a lo que tenía delante. Alzó la vista hacia el naufragio del que había venido, dándose cuenta de que aún podía verlo al final de la playa. No había recorrido tanta distancia.

- Sea lo que sea por lo que me pides disculpas, creo que me lo he perdido - dijo, soltando el astil de la enorme hacha para dejarla descansar donde estaba, colgada de su espalda. - ¿De dónde has salido?
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 31/08/09, 04:03 pm

La joven tardó unos segundos en levantar la cabeza, ya dispuesta a hacerlo bien alto, vistos solo los pies de aquel hombre. Parecía que él hombre tampoco la había visto llegar, aunque sus reacciones fueron ligeramente diferentes. El hombre sacó, instintivamente, una hacha enorme, adecuada para alguien tan grande pero que difícilmente no habría impresionado a alguien.

“He hecho algo mal”

Un escalofrío le recorrió la espalda y se llevó un segundo la mano a la boca para no decir nada, le faltó el instinto que habría movido a la mayoría a dar un paso atrás. No hubo una relajación visible cuando guardó el arma aunque en su rostro se volvió a dibujar una agradable sonrisa. Tampoco examinó al enorme hombre que realmente era un elemento curioso en aquel entorno… y en la mayoría, se limitó a intentar mirarle a los ojos, lo que se le antojó realmente difícil.

- No pretendía sobresaltarle - se explicó recordándose a si misma que no había razón para que se volviera a disculpar, como le sugería una voz en su cabeza - Me dejó un barco en la playa, unos kilómetros más abajo - respondí señalando la dirección hacia la que se dirigía el hombre - Hace ya un rato… ¿Usted ha llegado con el barco encallado allá?

Quizás su conocimiento no era muy extensa acerca de las tripulaciones de barco, pero en la experiencia que había tenido nunca había conocido a nadie de las características de ese hombre que trabajara en un barco, tampoco la ropa parecía la más apropiada, ni el arma estaba entre las típicas, no era muy inteligente pero procesaba todo lo que veía con bastante velocidad y sabía aplicar sus conocimientos, por eso se había abstenido de preguntar si formaba parte de la tripulación. Ahora lo que pasaba por su mente era la razón por la que se había alejado del resto del grupo… si es que alguna vez había estado con ellos.


Echó una mirada rápida al horizonte, intentando calcular cuanto tiempo había antes de que cayera la noche. Suficiente, pensó rápidamente. No sabía a cuanta distancia estaba la laguna donde vivía la población, pero si el tiempo apuraba, podría dormir en la playa, o buscar algún sitio en la pradera. El calor que pasaba por el día llevando más prendas de las necesarias, se justificaba con la cantidad de noches que dormía al raso. No necesitaba un lugar cómodo ni cálido para dormir, simplemente estar dormida cuando llegara la noche.

Sus pensamientos volvieron a la razón por la que se encontraba allí el hombre y a su boca acudieron las mismas palabras que usaba casi siempre tras cruzar más de dos palabras con alguien.

- ¿Puedo ayudarle en algo?

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 31/08/09, 07:30 pm

Al menos la chica parecía amigable. A Kuranthis solía olvidársele que había gente que no se sobreponía a su impresión inicial. Le habían llamado ogro, le habían llamado troll, habían salido corriendo de su presencia sin llamarle nada en particular y habían pedido auxilio contra él en un buen puñado de idiomas. No le habría sorprendido demasiado, en definitiva.

Siguió con la mirada la dirección en la que señalaba la chica, y volvió a clavar el ojo en el naufragio de su barco. Ya había una fogata, y los marineros parecían haberse organizado un poco mejor. Meditó un instante la pregunta que le hacía la muchacha: ¿Había llegado con el barco que había encallado allí?

- Algo así, si - contestó, volviéndose hacia ella.

En realidad habría mentido si le hubiera dicho un simple "sí". Para ser más exactos, la respuesta que más se acercaba a la verdad en aquellos momentos era que, más bien, había encallado allí el barco con el que había llegado. Claro que, bueno, éso son detalles. El orden de las palabras. Empezaba a pensar que sería mejor callarse ése detalle para siempre.

- Mmmmm - murmuró, pensativo. - Pues la verdad es que no se. Tal vez sí que puedas ayudarme. ¿Has visto a una persona de éste tamaño? - agregó, separando unos quince centímetros los dedos para indicar el tamaño de Bonnie. - ¿Azul, cleptómana y llena de mala uva?

No pasaba de ser una descripción vaga. Además... ¿Para qué íbamos a engañarnos? La chica llevaba una mochila. Era imposible que hubiera visto a Bonnie. No si seguía llevándola.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 01/09/09, 05:55 am

No entendió muy bien como podía ser ni ligeramente ambigüa, la respuesta a una pregunta tan cerrada como aquella pero tampoco indagó más, si él no lo tenía claro y tampoco se había explicado debía tener alguna razón por la que ella no pensaba preguntar así que se limitó a mirar al gigante con la misma sonrisa, esperando a ver si acaso había algo en lo que pudiera ayudarle, lo que le hubiera llevado a alejarse del grupo que ya había encendido una fogata, parecían estar bien y organizados. En ese momento que los miró pensando que no le daban ni una pizca de envidia, de pensarlo casi tenía calor.

Tammare se quedó un poco sorprendida al oír qué buscaba el gigante por la playa... Y la descripción realmente no era muy detallada, pero aun así, de ver a alguien con una descripción tan singular, sería difícil olvidarlo. Aunque siendo sincera consigo misma, de verla por la playa habría pensado que se trataba de una alucinación, y de verla junto al hombre gigante que ahora tenía delante lo habría tomado como un enorme paso atrás en el control de aquella locura suya.

Aun así lo meditó un momento intentando rememorar cualquier cosas que le hubiera llamado la atención en el camino que había recorrido. Todavía miró a su alrededor en un acto conscientemente estúpido antes de responder.

- Siento no poder ayudarle pero no he visto a nadie que se corresponda con esa descripción - respondió pareciendo realmente apenada por no haber podido servir de ayuda - ¿Viajaba con usted en el barco?

Pese a estar buscando a alguien azul, el tamaño hacia muy difícil encontrarla… apenas le dio unas cuantas vueltas pensó que no tenía sentido que estuviera alejada de los demás, cuando todos habían naufragado juntos, pero no era imposible y lo que parecía claro es que no estaba con el resto del grupo… ni con el hombre gigante.

- Si quiere puedo ayudarle en su búsqueda - se ofreció automáticamente, añadiendo con una sonrisa- Tres ojos ven más que uno.

Por simple que fuera la frase le había costado pensarla, ya le había parecido difícil ver sus ojos, pero incluso al conseguirlo uno de ellos parpadeaba entre la salud y la cicatriz. Lo que le había llevado a decidir que solo tenía uno… intuición por una vez, y le pegaba bastante para completar aquella impresión tan amenazante que daba.

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 02/09/09, 08:25 am

Bueno, la verdad es que no la podría haber culpado. Es decir, sí que formaban una extraña pareja. No habría visto mal que alguien que los viera juntos pensara que se le había ido la chaveta. Pero, bueno, no era el caso. El hombre se encogió de hombros, resignándose. No, no había visto a Bonnie. Era difícil que la hubiera visto. Tal vez había ido a parar a otra parte de la isla.

- Íbamos juntos, sí - respondió. - Tuvimos un pequeño accidente náutico y cayó por la borda. Antes de que encalláramos.

Ni por un momento el pensamiento de que un pez se podría haber comido a Bonnie le pasó por la cabeza. O sea, no estaba preocupado porque a la Feegle se la hubiera podido comer cualquier tipo de criatura; más bien estaba preocupado por el destino de la criatura que se hubiera intentado comer a la Feegle. Estaba fuera de lugar que no hubiese logrado alcanzar tierra. Podía imaginársela obligando a un tiburón a llevarla a la playa a punta de navaja.

Se echó a reír.

No por el pensamiento en sí, aunque era bastante cómico. Le hizo gracia lo que dijo la chica... tres ojos. Maldita sea, no había mucha gente que se atreviara a bromear con su "problema visual". La gente, por alguna razón, parece tender a pensar que si te encuentras con un tuerto de dos metros y pico es mejor no recordarle que está tuerto. Nunca lo había entendido, pero parecía formar parte del subconsciente colectivo de la humanidad.

- Bueno, agradecería la ayuda - respondió, con una sonrisa. - Pero, ¿No tienes tú algo que hacer? ¿Cómo es que estás aquí, en la playa? ¿También has naufragado, o eres de la isla?

No había malicia en las preguntas, claro. Solo se preguntaba si simplemente estaba vagando por ahí, o había algún motivo por el que podía dedicarle ése tiempo que muchos humanos habrían considerado demasiado valioso a echarle una mano.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 02/09/09, 05:41 pm

Realmente aquel barco había pasado por racha de mala suerte, perdiendo primero a la mujer y encallando después en las bahías de Denkenia, donde el mar era manso y el viento suave. Al menos eso pensaría cualquiera que no conociera los detalles, profundizando, todos en aquel navío había sufrido los vastos efectos del alcohol, quizás no en una de sus peores facetas, pero quizás en una de las más aparatosas. Pero de nada de eso sabía Tammare, y tampoco se podían observar los efectos en el hombre gigante que al menos lo que había mostrado, era serenidad, así que la chica se sintió mal por la adversa fortuna del navío e intentó solidarizarse con el hombre que estaba ante ella. Tampoco podía saber nada de la mujer perdida, y aunque la descricpción le había dado una pista, no llegaba a imaginar lo peligrosa que podía ser una persona de quince centímetros.

- Espero que su amiga este bien - musitó con un sonrisa prácticamente preocupada, gesto que cambió rápidamente por la sorpresa cuando el gigante se echó a reir.

Quizás fuera un chiste que se desarrollara en su mente, o algo en sus propias palabras que ella no había comprendido, pero ciertamente no tenía ni idea de que podía haberle provocado tal risa, quizás no era lo primero que se esperaba de un hombre con la apariencia de aquel, pero sin duda era algo agradable de oir en cualquier persona, quizás algo más impactante en aquel gigante, pero se podía considerar que lo hacía menos temible. Le encantaba la alegría ajena, aunque fuera pasajera.

- Me alegra ser de ayuda - comentó con cierto tono automático antes de responder a las preguntas - Cierto, yo debería hacer algo, tengo un mensaje que entregar a alguien de la ciudad interior de la isla, pero no creo que llegué antes de que anochezca - comentó haciendo un gesto hacia el horizonte - Me dejó aquí un barco que pasaba, con suficiente tiempo pero me entretuve con... algo - su voz no parecía indicar que quisiera callarse aquello que la había hecho entretenerse, más bien sugería que la chica intentaba discernir que era aquello que la había entretenido, al menos que era lo que más la había entretenido.

Tenía para elegir, había desperciado valiosos minutos mirando como se alejaba el barco, había tirado su tiempo corriendo por la playa, en vez de a través de la pradera, en una dirección más acertada hacia la ciudad de Denke. Pero no lo había hecho y sin sabe la distancia ni el camino, sería preferible que no la cogiera la oscuridad. La noche no nublaba su sentido de orientación, pero si se mente en general, lo suficiente para confundir los sueños y la realidad.

Tammare dio un respingo, casi un salto, con la típica expresión de quien acababa de acordarse de algo realmente importante.

- Que maleducada soy, siento muchísimo no haberme presentado antes - comentó, creyendo firmemente en sus palabras - Me llamo Tammare, ¿con quién tengo el placer de hablar?

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 03/09/09, 12:27 am

Claro que sería bastante difícil encontrar rastros del delito en Kuranthis. El accidente había sido hacía ya un rato largo, y el norsvart no mostraba ninguna alteración ni en la voz ni en la actitud. Cierto que no era un bebedor empedernido y que había bastado con poco licor para hacerle ver el mundo torcido; pero en alguien de su tamaño, éso seguía siendo bastante. Por fortuna, el metabolismo de Kuranthis era bastante rápido. Cuando la mayoría de los marineros aún estaban preguntándose quién había puesto ésa playa ahí, en medio del océano, el ya podía fingir que estaba bastante despierto.

Bueno, ahora mismo estaba bastante despierto. Los efectos del alcohol se habían pasado en su mayoría, y los que quedaban eran bastante leves. Era uno de ésos momentos en los que uno se pregunta si le ha servido de algo lo que acaba de hacer. Lo cierto es que el norteño tardaría bastante en volver a probar cualquier licor más fuerte que una cerveza.

- Oh - murmuró, sorprendido por sus palabras. - ¿Así que hay un pueblo dentro de la isla? Oh, bien. Empezaba a preguntarme si ésto era una isla desierta.

Miró hacia el cielo, al oeste. El Sol comenzaba a hundirse por el horizonte, y los jirones de nubes más cercanos al borde del mar se teñían de rojo sangre. El anochecer lo tenían casi encima. No debía quedar demasiado tiempo de luz.

- Pues es un placer, Tammare - dijo, ofreciéndole una de sus manazas, la derecha. - Me llamo Kuranthis. Creo que hagas lo que hagas no vas a poder llegar a ése pueblo antes de que anochezca, y lo cierto es que tal vez yo también debería acercarme hacia allí. Así que, si no te importa, creo que te acompañaré.

Dar la vuelta a la isla no parecía una buena solución. Podía ser enorme, mucho más enorme de lo que creía. Podía no encontrar a Bonnie porque ésta estuviera dando vueltas en la dirección opuesta, o en la misma pero al otro extremo de la isla. Podían pasar muchas cosas, y lo cierto es que la idea del pueblo le parecía el nexo de todas ellas. Alguien podría decirle si había visto u oído hablar de una feegle.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 03/09/09, 04:07 pm

La información que poseía la joven no era muy amplia pero, al parecer, superaba con creces lo que sabía Kuranthis, y por extensión, todos los de aquel barco. Quizás de saber que había una población en el interior de la isla se hubieran acercado a pedir ayuda, o algo así, aunque se estaban organizando más o menos bien el campamento para pasar la noche, y si no había ningún daño grave quizás pudieran solucionarlo al día siguiente ellos mismos, quizás todo se arreglaba... si llegaban a ver amanecer. Por supuesto todos ignoraban la amenaza que pesaba sobre sus cabezas y sobre sus almas.

Tampoco de eso sabía Tammare, así que se limitó a explicar los escasos datos que conocía de la ciudad.

- Por lo que tengo entendido, la población esta en un isla en un lago interior de la isla, al parecer ahí esta la mayoría de las casas, aunque quizás por el camino encontremos alguna más - se notaba que estaba contenta de hablar con alguien y compartir lo poco que sabía - Tampoco conozco la extensión de la isla pero por lo que se podía apreciar desde el barco, es lo suficientemente grande como para llegar a su centro cuando la luna este ya alta, aunque no parece haber accidentes geográficos que retrasen el camino... - ella misma se puso una mano sobre la boca para dejar de hablar, se emocionaba en cuanto pensaba de explorar y conocer nuevo sitios, estudiarlos para despues plasmarlos sobre papel.

Sonrió, estrechando con su mano enguantada la del gigante. Desde la primera vez que se pusó unos guantes, rara había sido la vez que se le habían visto las manos desnudas, y aunque los que llevaba en ese momento, negros, estaban ya algo desgastados se notaba que en su momento había sido de buena calidad. Darle la mano a alguien tan grande era una sensación extraña, de alguna manera le recordaba a cuando era pequeña, muy pequeña, cuatro o cinco años, y la diferencia de tamaños tenía una explicación más lógica.

- Encantada Kuranthis - respondió sonriente - Tiene razón, quizás su amiga haya ido hacia el centro de la isla, y al menos allí habrá gente a la que se pueda preguntar - comentó mirando a su alrededor para ilustrar la multitud que los rodeaba - Me hará un favor acompañándome, quizás así me entretenga menos.

Por un momento la sonrisa desapareció de su rostro ante la perspectiva de seguir despierta y caminando cuando hubiera llegado la noche, si no hubiera sido su piel tan pálida quizás se hubiera podido apreciar como la sangre huía momentáneamente de su cara. Pero aquella sonrisa que parecía tener tatuada acudió a su ayuda y enseguida se recompusó, algo más pensativa de lo que había estado. La espectativa de que la noche la pillara despierta no le hacía especial ilusión, por no decir que la aterrorizaba. De normal simplemente se habría excusado diciendo que estaba muy cansada y prefería dejarlo para el día siguiente, pero al mirar el cielo se dio cuenta de que la única manera de estar dormida cuando se hiciera la oscuridad era tirarse de repente al suelo e intentar conciliar el sueño, cosa que en ella solía llevar un tiempo.

Era un hecho, sufriría la noche, pero si tenía que ser así, al menos, que la encontrara andando y acompañada, el ejercicio por mínimo que fuese, siempre la ayudaba a mantenerse algo más serena, y Kuranthis podría ver y avisarla si empezaba a cosas raras, aunque no lo hiciera conscientemente.

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 06/09/09, 08:31 pm

Por supuesto, Tammare no era la única ajena a los peligros que contenía aquella isla cuando caía sobre ella la noche. Por ello, cuando al enorme tuerto se le planteó la posibilidad de volver al lugar del naufragio para advertir a los marineros de que había un pueblo, se encogió de hombros y pensó: Bueno, qué diablos. Ya había dicho que volvería, y no es que se fueran a morir por dejarles a solas un rato. Iban preparados para éso.

- Bueno - murmuró, volviéndose hacia la zona opuesta a la playa. - Nos hará bien un paseo, ¿No crees?

El sol hundiéndose en el horizonte a su espalda era una estampa preciosa, pero aún no anunciaba la noche. Kuranthis pensó que la joven tenía razón, y llegarían a aquella villa, si es que la encontraban cuando oscureciera, cuando ya fuera noche cerrada. De todas formas, siempre podrían descansar un rato por el camino. Echó a andar hacia adelante. El terreno de la playa ascendía rápidamente hasta una pradera salpicada aquí y allá de árboles, al menos al principio, que se extendía bastante, sin accidentes como había dicho Tammare. Si no hubiera sido por un par de colinas, pensó Kuranthis, quizás hasta hubieran visto el pueblo.

- Bonito sitio - musitó. - Oye, ¿Y qué trae a una chica como tú a una isla como ésta?
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 13/09/09, 08:44 am

Tammare se limitó a asentir con una sonrisa, siempre era bueno dar un paseo, sobretodo después de haber pasado largo tiempo a bordo de un barco aunque ella ya se había quitado el vaivén con la carrera, y suponía que Kuranthis habría tenido bastante con el desafortunado incidente. Pero seguía adorando pasear, además de que debía conocer la primera isla del archipiélago que pisaba. Aunque a veces pareciera estar más bien distraída se iba fijando en todo, desde las curvas que había describido la playa en su carrera a los prados hacia los que se dirigían. En ese momento no era su prioridad ni la razón por la que estaba en esa isla, pero no pensaba salir de allí sin tener, al menos, un mapa esquemático de la isla. No sería ella.

Siempre prefería hacer ella los mapas que comprarlos o fiarse de los de los demás, si se equivocaba sería por su propia torpeza y no tendría a nadie a quien echar la culpa.

La pregunta de Kuranthis hizo que levantará la vista curiosa. No acababa de entender a que se refería con "una chica como tú", sobretodo habiéndose comportado tan normal hasta ahora, ni que tenía de especial la isla... a veces le costaba entender la forma de hablar de los demás, pero como nunca decía nada, era imposible saberlo.

- He venido a darle una carta a alguien de la ciudad - respondió con una ligera sensación de haber dicho ya algo así y como no acostumbraba a extenderse hablando de sí misma, preguntó - ¿Hacía os dirigíais cuando encallasteis aqui?

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 20/09/09, 07:59 pm

[F.D.I.: Siento el retraso]

Nadie es normal en éste mundo.

Lo normal no existe, es solo una invención de los seres humanos. Para qué se lo inventaban, era una incógnita para Kuranthis. Pero él sabía que la gente, por mucho que no destaque por encima de otros, siempre tiene alguna particularidad. Por ejemplo, Tammare le había hablado con normalidad y no se había asustado. Lo "normal" habría sido justo lo contrario.

En cuanto a la isla, bueno, era más bien una forma de hablar. Kuranthis no conocía de la isla más que la playa, así que no podía saber si la isla tenía algo de extraño. Excepto el hecho de que le había parecido, a primera vista, una isla desierta. En cualquier caso, ya tenía su respuesta. Y el sol se seguía hundiendo lentamente en el horizonte, sin que ninguno de ellos supiera cuál era el significado escondido de aquello.

- Pues lo cierto es que me dirigía a una ciudad - dijo. - Se llama Trinacria, creo.

Bueno, era parte de un viaje más largo, pero tampoco creyó que hubiera que aburrir a la chica con los detalles. Se dedicó a contemplar la pradera que seguía extendiéndose frente a ellos. Aún no veía nada que rompiera la monotonía del verde de la hierba, excepto el azul cada vez más oscuro del cielo.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Tammare el 21/09/09, 06:21 pm

Quizás los humanos sólo pretendían ampararse en la normalidad para formar parte de algo, ser aceptados, quizás sólo mantenían la ilusión por miedo a que las diferencias fueran demasiados grandes. Y aquellos que no sabían permanecer bajo eran tachados de diferentes (con un marcado tono despectivo) y apartados de la tan normal sociedad. Quizás por eso tan pocos tomaban la normalidad como una ilusión, pese a saber todos, en el fondo, que eran distintos.

Pese a todo ello, la chica nunca se había considerado normal, aunque aspirara a serlo si con ellos desaparecían las imagenes con las que su imaginacion la engañaba. Ella, por suerte o por desgracia, era distinta, estaba loca, y la gene así siempre tiene problemas para encajar en la sociedad, por muchas sonrisas que regalara, una acción inexplicada, un rumor sería suficiente para volver a apartarla de la gente, que la alejarían desde su aparente normalidad. Y ella lo veía completamente natural, solo engañándoles podría acercarse a los demás, y como castigo por el engaño, por el vano esfuerzo de aparentar normalidad, cualquiera podía apartarla, marginarla para que su locura no empañara a los demás.

Pero a ese pensamiento Tammare le dedicaba poco tiempo, casi ninguno; así lo había aprendido, así se lo habían enseñado y así lo había sufrido, y su bondad natural lo excusaba todo con una sonrisa y se limitaba a concentrarse en que lo secreto permaneciera en silencio, en que las alucinaciones no salieran de su cabeza, y en seguir haciendo su vida, vida que la había llevado a Denkenia, paseando junto a un gigante que se dirigía a Trinacria.

Trinacria, por lo que tenía entendido era la capital del archipiélago, un ciudad grande y sin duda merecedora de su próxima visita. Era lógico que visitara la capital pronto, allí se desarrollaban la mayoría de los negocios, y por supuesto allí sería donde más fácilmente encontraría clientes. Pese a que se había informado ligeramente acerca de las islas, tampoco había puesto especial interés en los detalles, ya los descubriría una vez que llegara. Un poco imprudente como ya descubriria mas tarde, pero siempre había sentido un cariño especial por todas las primeras impresiones que recibía de un lugar del que desconocía la mayoría de cosas, los detalles de la sociedad, de las ciudades o de los bosques, cosas que a través de un libro podían perder una gran parte del significado.

- Debe ser una ciudad interesante - comentó mientras perdía la mirada por la pradera que tenían delante, una vez dentro sería más difícil orientarse, pero ni por un segundo dudó de poder hacerlo - También es mi destino cuando acabe lo que tengo que hacer aquí, ¿teneís negocios allí?

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Re: Los riesgos de echarse a la mar

Mensaje por Kuranthis el 04/10/09, 03:40 pm

A lo que unos llaman imprudencia, otros le llaman ser expeditivo. Hay cosas que unos piensan simplemente que no deberían hacerse de una forma, y otros se encogen de hombros. No es que ninguno de los dos extremos sea mejor que el otro. Simplemente, donde Tammare tal vez pudiera creer que estaba cometiendo un error, no sabiendo nada del lugar hacia el que dirigía sus pasos... Kuranthis simplemente no le dedicaba el menor pensamiento.

Ya llegarían las cosas cuando debieran.

- Bueno, éso espero - rió. - En realidad he conocido pocas ciudades que no sean interesantes. Lo que las diferencia, en el fondo, es la cantidad de bandidos que tengan.

O al menos así era como él lo percibía.

Las ciudades siempre son interesantes, sí. La gente se reúne naturalmente en ellas para llevar a cabo numerosas actividades que no pueden hacer en otro sitio. Él mismo tenía una serie de actividades que solo se podían poner en práctica en una ciudad. De Trinacria había escuchado solo cuatro cosas: Que eran 'varias ciudades en una sola', que tuviera cuidado con quién hacía tratos, que alguien como él podía hacer dinero en una ciudad como ésa y...

Hum. En realidad el dinero era lo de menos. El gigantón sonrió.

- No exactamente - confesó. - En realidad me gustaría conocer un poco el archipiélago. Quiero hacer un pequeño viaje, y Trinacria puede ser el lugar perfecto desde el que comenzarlo.

En aquellos momentos, el tono anaranjado del atardecer casi hacía que la hierba pareciese naranja. La visión de aquel mar de hierba teñida de crepúsculo era bastante reconfortante. Suficiente como para no darse cuenta de que, desde hacía un rato, habían dejado de percibir el movimiento de los animales entre la maleza.

- ¿Qué es aquello? - preguntó el tuerto, señalando en dirección a una especie de sombra que comenzaba a dibujarse mas adelante de donde se encontraban.
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Re: Los riesgos de echarse a la mar

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