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Empezando... a lo grande

Mensaje por Kryslavik el 20/12/14, 09:22 pm

[Info: Aunque esté estructurado, al principio, como un relato, es un tema abierto en el que cualquier persona que quiera participar es bienvenida y está invitada a hacerlo. Me gusta que los personajes lleguen a las islas de algún modo.]

Diario de Bitácora de James H. W. Girard
Capitán del Dorian Atla
Día 12 del segundo mes de Aesir, 2E 4993

Dejamos atrás con tristeza las aguas de Syleberg, donde una suerte oscura y adversa nos obliga también a abandonar al contramaestre Hopkins y al segundo de abordo Berry, de nuestro barco de escolta Viento Estival. Para todos nosotros, un duro revés del destino, que ha conseguido hacer mella en la moral de los tripulantes.

He tardado varias horas y la tercera parte de una botella de ron en reunir la suficiente presencia de ánimo para salir a cubierta y hablar con mis subalternos, sin aportar nada nuevo a lo que todos ya saben: La repentina e insidiosa enfermedad que afectó a Hopkins y Berry es una noticia funesta, pero nuestro empleador no es un hombre tranquilo ni paciente. La misión de llevar el cargamento de Lord Cowdingham a sus enlaces en la ciudad de Trinacria es ahora mismo nuestra prioridad inmediata, lo cual no impide en absoluto que una vez terminemos nuestro encargo regresemos a Syleberg a brindar nuestra compañía y apoyo a nuestros camaradas. He dado mi palabra de honor como capitán y pretendo cumplirla. Ojalá hubiese sido suficiente para levantar el espíritu de los hombres.

El barco avanza con tristeza y en silencio, y los hombres me saludan sin efusividad aunque entiendan la difícil decisión que me he visto obligado a tomar. Pese a todo, el capitán carece de la prerrogativa de perder la templanza incluso cuando la de sus subalternos parece haber desaparecido. Debo mantener mi cabeza despierta y fría y hacerme cargo del barco y de su futuro hasta que lleguemos a Trinacria.

No sin recelo, me he visto obligado a ascender a Owen de manera provisional a contramaestre. Estoy seguro de que esta decisión me traerá más de un quebradero de cabeza cuando Hopkins vuelva con nosotros, pero los dioses saben que Owen es un buen marinero y un hombre de fiar. El capitán Monroe, del Viento Estival, me informa de que no tomará un nuevo segundo de a bordo por el momento.

La situación ha obligado a la inclusión de un nuevo tripulante, y Arkwill y Giles son los únicos que por el momento han abierto la boca sobre la raza del nuevo muchacho, pero no los únicos que piensan que no deberíamos haber metido un elfo en el barco. No obstante, incluso ellos saben que encontrar a un marino competente y disponible en Syleberg, al poco de perder a los nuestros, ha sido fruto de la Providencia. No moverán ficha contra él, si no es por respetar mi palabra, por el valor de su propia supervivencia.
Con suerte, nuestra misión se cumplirá sin más problemas.


Día 14 de segundo mes de Aesir, 2E 4993

La moral de los hombres no ha mejorado gran cosa estos días, y lo poco que había logrado la noche anterior descorchando algunas de las reservas de ron y licores para tratar de animar a los muchachos no han dado el resultado que esperaba en vista de los acontecimientos. Una oscura tormenta se cierne sobre nosotros desde la primera hora de la mañana. El viento sopla con una fuerza inusitada, y trae consigo un eco terrorífico que los hombres consideran un mal augurio.

Después del mediodía, con el Archipiélago dibujandose ya a lo lejos contra el horizonte, los ojos de elfo del nuevo muchacho han vislumbrado los restos de un naufragio, y antes de que ninguno de los demás pudiésemos siquiera ver algo entre los restos, se ha lanzado con valentía al agua para rescatar a una superviviente a la que solo él había visto. Herida, deshidratada, malnutrida y magullada, delira por la fiebre y la enfermedad, y entre balbuceos y murmullos inconexos habla de piratas asaltando un barco hasta reducirlo a trozos de madera en busca del "Tesoro de Lord Cowdingham".

A la luz de esta información, parece evidente que los harapientos bellacos que asaltaron su barco estaban buscando el nuestro. Aun y a pesar de que llevamos la tormenta en los talones, el archipiélago en el que nos adentramos es un territorio en guerra, donde hay una muy famosa base de operaciones de piratas. De nuevo me veo obligado a tomar una decisión difícil, una que en esta ocasión puede costar muchas vidas. Tras enviar al nuevo muchacho a buscarle un camarote privado a la joven náufraga, he invitado al capitán Monroe a bordo del Dorian Atla para establecer un plan de acción.

Nos encontramos a pocas millas de una isla deshabitada, un peñasco sin embarcaderos ni señales de civilización que sin embargo podría ocultar una emboscada. A pesar del riesgo que entraña, hemos decidido que el Viento Estival, en su papel de buque de escolta, recorrerá el camino que nos separa de la isla en busca de una emboscada, y rodeará el peñón si hace falta para enfrentarse al barco que pudiera haber al otro lado. Mientras tanto, el Dorian Atla virará al sur y se abrirá paso unas millas, con lo que esperamos salir del camino de la tormenta, aunque por los cálculos de ambos el Viento Estival se verá engullido por ella antes de reunirse con nosotros. El suyo es un barco de guerra, no de carga, y sin duda aguantará mejor la tempestad que el viejo Dorian Atla; con todo, esta nueva amenaza nos hace temer que podamos no volver a vernos.

Brindaré con la tripulación a la salud del capitán Monroe esta tarde. El nuevo muchacho, el elfo, ha sugerido que permita a los tripulantes beber algo cuando nos toque echar el ancla y aguantar la tempestad. Al ritmo al que vamos, estoy convencido de que no llegaremos a Trinacria antes de que nos azote, y me siento tentado de hacer caso de su sugerencia.
Con suerte, todo saldrá bien para los dos barcos.


Última edición por Kryslavik el 21/12/14, 07:18 pm, editado 1 vez
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Re: Empezando... a lo grande

Mensaje por Kryslavik el 20/12/14, 10:42 pm

Los registros oficiales del puerto de Trinacria certificaron la desaparición del Dorian Atla a primera hora de la mañana, tan pronto como los meteorólogos y estudiosos del clima locales señalaron la "repentina, breve e intensa tormenta que se desató de manera insólitamente focalizada" durante el día anterior como causa de posibles accidentes para navíos cuya llegada se esperase aquel día.

Las patrullas vespertinas de la Guardia Costera hallaron sin dificultad el "violento e inexplicable" naufragio del Viento Estival, sin supervivientes; uno de los inspectores navales que acompañaba a los barcos de reconocimiento informó por escrito de que "las características del naufragio hacen pensar que el navío afrontó la tormenta sin preparación alguna, o peor, que cargó de frente y sin precauciones contra la vorágine, hipótesis ambas que sugieren sabotaje además de accidente", sellado por duplicado y con copia para el encargado general del Puerto, que lo puso en conocimiento de las autoridades militares para determinar si se trataba de una acción de guerra, tal y como parecía.

Era imposible saberlo a medida que el Sol se esforzaba por tratar de asomar uno o dos de sus primeros rayos entre los jirones de las negras nubes que habían descargado un furioso vendaval de agua sobre Trinacria durante toda la noche, pero aquel sería un día convulso para los negocios en la ciudad, especialmente para aquellos habitantes de la ciudad cuyo apellido fuese Cowdingham. Por supuesto, el hombre corriente era completamente ajeno a esta información y sus implicaciones; y así, a unos 14 kilómetros de la ciudad de Trinacria, una caravana de mercaderes comenzaba a formarse entre la densa niebla que envolvía a un diminuto pueblo granjero de Moramaile, compuesto de varias granjas que aportaban carretas dispuestas a trasladar al mercado de la ciudad leche, huevos, fruta y otros productos del campo para su distribución y venta.

Como siempre, la caravana se encontró con otros mercaderes de camino a Trinacria que recorrían la Carretera Real; aunque normalmente todos eran conocidos entre sí, aquella mañana tuvieron el inconmensurable placer de compartir su camino con un arrebatadoramente simpático elfo y su muy callada amiga humana de cabellos dorados, que accedieron de muy buena gana y mostrando muy buena voluntad a acompañar en calidad de compañía y escolta a la magra caravana en su camino hacia la ciudad que unía las tres islas. Eran una pareja simpática y dicharachera, e hicieron que rápidamente cualquiera de los mercaderes olvidase preguntarles de dónde podían venir en una isla que supuestamente solo tenía un puerto.
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