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El Heraldo de las Dunas (libre)

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El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 23/01/15, 08:50 am

Las brumas de las primeras horas del día eran agradables, frescas y vivificantes para un ambiente tan cálido. La verdad, quizás demasiado frescas para su gusto. Había partido hacía ya muchas lunas en un gran barco mercante, y pasado a una barcaza, rumbo al puerto. Quería ver aquella isla  de verdes praderas, y para ello, debía cambiar de embarcación. Los grandes navíos no podían atracar en el puerto, por lo que pidió ser trasbordado junto a otros pasajeros. El comercio habría muchas rutas y modos de acceder a las islas, cosa que le agradaba.

El agua no era su entorno, pero le fascinaba tanto aquella fuente de vida, que se veía irresistiblemente atraído por las historias contadas, acerca de la situación actual. Quizás ahí le ayudasen en su empresa, y buscase un modo de auxiliar a su pueblo. Pero lo que sabía que iba a ocurrir a ciencia cierta, es que crearía una gran conmoción en cuanto llegase. Ya había sabido por parte de los tripulantes del galeón, que era la primera vez que veían a un kayrano. Se imaginó muchas caras y miradas curiosas a su arribo a puerto. Y así fue. Al despejarse aquellas brumas ligeras, el sol irradió con una luz dorada y potente la vista y aquellas aguas bajas y cristalinas. Para Rex, era un espectáculo hermoso, un paraíso celestial en la tierra: Un mundo de agua y vida.

A medida que se acercaban al atracadero, se fue acercando hacia la quilla. Su presencia era extraña, casi imponente. Las gentes empezaron a arremolinarse para observar por primera vez a un reptil a dos patas. Su capa de seda de color beis, solo le cubría la espalda, dejando al descubierto su pechera desnuda, de brillantes escamas azuladas. Sus pantalones, similares a  los bombachos Shahim, tenían unas costuras doradas de preciosa manufactura, a la par de sus protecciones, de acero y plata, de motivos curvos y artesanales de una riqueza muy exótica. Su movimiento se acompañaba de un tintineo debido a sus abalorios en orejas y cola, que consistían en colgantes, campanillas y cinzales que le daban un aire casi musical. Al atracar la nave, usó la garra de su pie izquierdo para asentarse en el muelle. Una vez allí, se impulsó levemente. Ya estaba en tierra. Cargando un petate algo grande, comenzó a caminar, rodeado de curiosos. Quizás era hora de su presentación.

Que los dioses les bendigan. Me llamo Rexxus Tarik Ibn Fahallad, Ibn Rahid. Vengo de tierras lejanas, en busca de ayuda. Decidme, buena gente... ¿Alguien puede indicarme a quién debo dirigirme para hablar asuntos de importancia? Su acento era algo siseante, dejando las dobles "r" en solo una, y su tono de voz era dulce y musical. Si cualquiera se diera la vuelta, podría imaginarse un bello prínicipe de piel morena venido de oriente, pero al darse la vuelta, podría llevarse un chasco, o más bien una sorpresa, dependiendo de su grado de curiosidad. Muchos ya estaban rodeando al kayrano, observando la fina seda de sus vestiduras, la hermosura de su plata, pero también el peligro de sus cimitarras y su aspecto tan feral y duro.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 29/01/15, 12:31 pm

Aun era temprano en la mañana, el sol siquiera había asomado por el horizonte, pero la centauro ya estaba despierta y casi lista para salir. Sus nuevos recintos en la isla de Thialir no eran mucho más cómodos que los que tenía cuando estaba entrenando en Rhylia, tenía un lecho hecho de forraje y telas, le habían traído unas mesas de los cuartos de los soldados donde ponía sus cosas y una especie de maniquí donde descansaba su armadura de la Orden, en ese mismo momento vacío ya que la tenia puesta.

Ajusto su espada en el cinturón y con una sonrisa se dispuso a salir del fuerte que alojaba a los caballeros de la Orden y enfrentar un nuevo día de trabajo. Tal como estaban las cosas con la guerra toda vigilancia que se pudieran enviar a las distintas islas que pertenecían al Ducado de Aspher era poco y por ese motivo es que Ireth estaba ahora en esa ciudad, su tarea era vigilar la entrada de extranjeros en la isla.

La muchacha cumplía con sus órdenes con toda la alegría y buena voluntad que la caracterizaban desde siempre. No se lo había dicho a nadie, pero en parte su entusiasmo se debía a que prefería eso antes que ir a la guerra, nunca pensó que podría agradecer el que no la quisieran cerca de los asuntos importantes de la Orden, ya que si tuviera que ir a la batalla para defender esa causa que no sentía como suya seguramente tendría que negarse.

Para cuando las primeras horas de luz se posaban en los barrios de los artesanos la centauro ya se encontraba trotando por sus calles, primero solía dar una vuelta general para asegurarse que todo estuviera en orden, y ya que estaba saludaba a los comerciantes que ya le eran conocidos y con los que había entablado una buena relación, muchas veces hasta se llevaba de regalo alguna fruta o algo de pan.

Una vez terminada la primera ronda se dirigió hacia el puerto, no solía haber muchos problemas pero de cualquier manera había que estar preparado para lo que sea… Claro que un reptil humanoide solicitando hablar con algún líder era más de lo que Ireth hubiese podido prever. Aun estaba a cierta distancia cuando lo vio, por su contextura física podía mirar por arriba de los humanos promedio y además un hombre cubierto de escamas era lo suficientemente llamativo como para que cualquiera se fijara en él.

No estaba segura de cómo se tomaría la gente el encontrarse con algo así, y no quería quedarse allí mirando para averiguarlo. En seguida pidió permiso para pasar entre el gentío y abrirse paso hasta el extranjero con una mano levantada y una enorme sonrisa en el rostro.

-Que la Dama te bendiga a ti, viajero – Dijo con cortesía ya que el sujeto había sido muy amable también – En respuesta a tu pedido te diré que eso depende de que tan importante sea tu mensaje, ya que nuestros superiores se encuentran muy ocupados en otros asuntos – De ninguna manera podía imaginarse al Duque teniendo una reunión privada con un completo extraño llegado de algún lugar recóndito, y con respecto a sus capitanes más directos, iba a depender de qué tipo de información se tratara – Corren tiempos difíciles en estas islas y todos estamos realizando alguna tarea para poder ayudar.

El discurso provenía de la parte más profesional de la centauro, pero la parte más infantil de Ireth no podía evitar mirar con curiosidad a tan exótico ser, las escamas cubrían toda la parte visible de su cuerpo, sus ropas eran raras y también los colgantes que llevaba puestos. Por su modo de hablar podría decirse que era una persona instruida, tal vez provenía de alguna buena familia, todos sus adornos apoyaban esta hipótesis. Pero ni su extraña apariencia, ni su modo de vestir, o el curioso acento cambió un ápice su buena predisposición para con él.

-Me llamo Ireth Cillaro y soy Caballero de la Cábala de la Espada, dígame si puedo ayudarlo en algo – Completo las formalidades presentándose como correspondía. Las personas miraban tan singular encuentro entre dos humanoides, pero Ireth estaba bien acostumbrada a que la miren, así que no parecía molestarle en lo más mínimo.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 29/01/15, 03:27 pm

Entre aquellas miradas curiosas, al kayrano le impactó lo que pareció ser una imagen casi celestial. Aquella criatura, podía percibir una bondad increíble. Su cuerpo, mitad equino y mitad humano, solo podía reflejar aún más nobleza. Si, había llegado a buen puerto, los espíritus del agua y del viento le habían llevado al lugar indicado. Observó a la mujer caballo... "Centauro" llamaban a esa raza, o al menos, eso oyó comentar en sus viajes. Muchas razas nuevas debía de descubrir, y que le aspen, ya había vislumbrado una en su primer día en Jaspia.

Por sus ropajes, parecía una guerrera, y la forma en que los viandantes la observaban, es porque quizás para ellos era conocida... Y extraña a la vez. Muchas preguntas pasaron por la mente del reptil, pero sería muy descortés lanzarlas tan de golpe. Por lo pronto, hizo una gentil reverencia ante el saludo de Ireth. Con una amplia sonrisa, dejó el petate en el suelo mientras ella se explicaba. Así que era cierto, había una guerra. Solo un conflicto pondría a todos los dirigentes en una ocupación semejante, y también los ánimos de los viajeros con los que se encontró daban pruebas de ello. Cuando ella se terminó de presentar, vio su oportunidad de iniciar sus primeros pasos. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que acompañado de una amable guerrera, de una raza desconocida? Posiblemente sería el primer capítulo de sus crónicas... Alabado sea el Cielo.

Muy amablemente, Rex respondió a Ireth. Pues la verdad, si que puede serme de ayuda. Si que era una guerrera, y además, al parecer, de la élite. Ya compartían algo juntos, lo cual le hizo empatizar más con ella, así que prosiguió sin ningún tapujo. Verá, provengo de lejanas tierras, y necesito ayuda. Tengo entendido que en esta parte del mundo, se acontece un conflicto. ¿Podría hablarme de él? Siento parecer tan ignorante, pero acabo de llegar, y no quiero pecar de pedante fiándome solo de los rumores e historias entre marineros. Sus manos se movían de una forma sinuosa, gesticulando no de un modo siniestro, si no casi sensual. Sus ademanes le marcaban como alguien criado en la nobleza, pero sus músculos demostraban que no era ajeno al trabajo físico. En sus ojos de reptil, se podía ver mucha entereza, confianza, un instinto predatorio cautivador, que podría incurrir en una curiosidad por parte de quien los mire.

Dígame Ireth... ¿Podríamos hablar en un lugar privado? De guerrero a guerrero. Soy un Medjai, un Guerrero Danzante, una especie de "caballero" como lo es usted. Siendo dos personas de honor, confío en que podamos encontrar un lugar más recogido, donde pueda exponer todos mis argumentos ante alguien de autoridad como usted. Una cortés y amable invitación. Quizás con otro aspecto, podría ser capaz de seducir a cualquier mujer, pero... Los reptiles no suelen gustar a todo el mundo, y más por la fama de peligrosos y viles como las serpientes. Y era extraño, porque no podía percibirse maldad o vileza en alguien como Rexxus.

Le hizo un gesto con la mano, para que ambos paseasen juntos. Todos sus movimientos eran acompañados con los tintineos de sus abalorios, y sus pasos, eran casi como el elegante andar de un pavo real. Todo él parecía hecho con suavidad, con tersura y con una artesanía, como si un dios hubiese querido crear un arte exótico e insuflarle vida. Aunque... No se podía decir que todos tuvieran la misma opinión. Muchos miraban aquel encuentro como si se encontrasen en una ferie de monstruos. Solo les faltaba pagar por la visita y vituperar a los susodichos engendros. Pero de cierta forma, a Rex no le importaba. No era igual que Ireth que estaba acostumbrada, si no que era más bien que el kayrano restaba importancia a las opiniones ajenas, y más aún de gente tan estrecha de miras. Cada vez que miraba a la centaura, no podía evitar sonreír. Le había caído francamente bien, tenía una buena impresión de aquella caballero.

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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 30/01/15, 09:46 am

Que venía de tierras lejanas era evidente, entre los estudios de Ireth estaba el aprendizaje sobre las razas de Jaspia y sus costumbres para facilitar así el entendimiento cuando mandaban a alguna patrulla a otra isla, y estaba segura que no había leído en ninguno de sus libros sobre hombres con mezcla de reptiles, o al menos no que hablaran y se comportaran de modo educado.

-¿El conflicto es lo que lo trae por estos lares? Jajaja – Se reía con naturalidad, con algo de inocencia y no de modo burlón – Lo normal es que sea al revés, la gente suele irse cuando hay guerras, Señor Rexxus ¿Puedo decirle así o prefiere que diga el título completo? No sé como se estila en su reino la cuestión de los nombres, a mi puede decirme Señorita Ireth, o solo Ireth, o también Señorita Cillaro, aunque nadie me dice de esa manera – Y ya había comenzado con su hablar sin parar, esa cualidad de la centauro que solía hacer salir corriendo a las personas, o que dejaran de escucharla luego de pocos minutos.

Las personas que no tenían nada mejor que hacer insistían en quedarse mirando, los niños señalaban, y algunos susurraban o hacían comentarios. Ireth seguía hablando con Rexxus con naturalidad pero a medida que el tema se iba tornando mas serio la muchacha comenzaba a pensar que en verdad no era buena idea que todo el mundo anduviera escuchando de esas cosas ¿Y que si llegaba a decir algo importante? ¿O si decía alguna información que fuera relevante para la guerra y se filtraba así al enemigo? No era buena idea, no estaba bien que discutieran esos asuntos así.

-No puedo salirme de mi guardia, lo lamento Señor Rexxus, pero el deber es el deber – Estaba en pleno servicio, por más que tuviera información importante, lo cual aun no era seguro, no podía simplemente irse y dejar su puesto – Si es usted un caballero debe entender que cuando se le asigna una tarea debe cumplirla y no está permitido el dispersarse, mmmm, pero puedo mostrarle un buen lugar para quedarse para que descanse del largo viaje, allí podrá comer y dormir tranquilo si así lo desea – Hacer eso no la quitaría de su ruta habitual de vigilancia y tampoco le tomaría mucho tiempo – Cuando termine con mi patrulla informare a uno de mis superiores sobre su llegara y decidirá si escucharlo o no, no puedo prometerle que funcione, pero le ruego tenga paciencia hasta entonces.

Estaba en Rexxus si deseaba esperar o no, pero en cualquier caso, la centauro señalo hacia una de las calles que salía del puerto y que entraba en los barrios de los artesanos. Al ver que la charla había finalizado muchos de los curiosos comenzaban a dispersarse y para Ireth eso era un alivio, no quería que corrieran rumores extraños.

-Por allí hay una buena posada, si me hiciera el favor de seguirme… - Por lo general no era tan respetuosa, pero sentía que la situación lo requería además, el extranjero tenia los modos de una familia real, y todos esos aires majestuosos hacia que una chica de pueblo como Ireth se cuidara más de la cuenta en sus modos.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 02/02/15, 10:16 am

Mientras caminaban, observó que su acompañante tenía una verborrea alegre y disparada. No lo vio como algo molesto, si no como un signo de que era muy vivaracha y activa, otro rasgo que apuntaba un buen modo de verla por parte del kayrano. Fue entonces cuando le preguntó por su tratamiento. Viendo que se estaba creando una atmósfera de confianza, decidió dar pie a ello. Llámame Rexxus, o Rex si lo prefieres. Admito que mi nombre es muy largo, y el tratamiento de "señor" lo veo demasiado elevado como para ser nombrado como tal. En mi nación sería un "santo" o "honorable". Pero todavía no me lo he ganado en esta tierra. Mi religión dicta que uno es tratado tal y como se lo merece mediante sus actos cometidos en donde mora o donde pasa. Por lo tanto, aún no me he ganado ningún título. Su filosofía y religión, al igual que su mentalidad, parecía mostrar un inicio humilde, a pesar de la riqueza de sus ropajes.

Fue cuando ella se tuvo que disculpar de no acompañarle, y asintió comprensivo. Ambos eran gente de responsabilidad y deber, y Rexxus lo respetaba. Por supuesto. Dijo totalmente convencido, y sonrió de nuevo cuando ella le ofreció una alternativa. Me siento muy agradecido, mi querida colega. Aquel tratamiento, sonaba extraño desde Jaspia, pero como él lo decía, tenía una consonancia muy respetuosa, casi de alabanza. Cuando ella le dijo que informaría pero que no habría muchas esperanzas, asintió, un poco desconsolado, pero comprensivo. Es lo lógico... Debo entender entonces que la guerra se está llevando a una escala enorme si está creando este desconcierto y revuelo. Dijo casi más para sí, eso solo complicaba las cosas... ¿Cómo podría parar él solo una guerra de semejantes proporciones? Debía enviar una misiva a la Ciudad de Hierro de inmediato.

Cuando le señaló la posada, le pareció una idea excelente. Nada le apetecía más que refrescarse, comer algo y descansar. Asintió, mientras reafirmó su carga de su petate, y le hizo un gesto amable a Ireth para que ella andara con él. Mientras llegaban, una idea se pasó por su cabeza, mientras miraba el cartel. ¿Volveré a verte Ireth? Eres la primera persona que conozco, y me has caído muy bien. Me gustaría que me ayudaras en este nuevo mundo para mí... Si no te importa claro, no querría ser una molestia. Se disculpó levemente, pero no tenía realmente a quién más acudir. Dejando un petate en el suelo, le hizo un gesto con la mano, posiblemente una muestra de saludo y despedida de su tierra, consistente en tocar su pecho y su frente y después extenderla hacia ella. Muchas gracias por haberte ocupado de mi solicitud, mi querida colega Ireth. Me has sido de gran ayuda en mi primer día en este mundo, y espero sinceramente volver a verte.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 02/03/15, 11:44 am

La centauro comenzaba a sentir que cierta afinidad surgía entre ambos, no porque fueran seres no-humanos viviendo en una sociedad casi totalmente humana, aunque ese punto no dejaba de ser importante. Sino por su alto nivel de devoción hacia sus creencias y costumbres culturales, eso generaba en Ireth una sensación de respeto, porque entendía perfectamente cómo se sentía, si ella no hubiese recibido el llamado de la Dama… No, tal vez hubiese tenido una vida normal y tranquila entre los suyos y nada más. Pero una parte suya se negaba a ese destino, una sensación rara que se le escapaba y no entendía bien le decía que tenía que hacer otra cosa de su existencia.

-Rexxus entonces – Sentenció mientras caminaban hacia la posada – Si, es… Es complicado, y yo no lo entiendo del todo tampoco, las trifulcas políticas nunca se me dieron bien. Pero ciertamente todo Jaspia está metida en esta guerra, para bien o para mal, cada isla tiene su postura y no parece haber espacio para medias tintas – La gente se iba apartando mientras avanzaban, a veces el ser tan grande tenía sus ventajas – No tengo idea de cuál es tu objetivo viniendo aquí precisamente en este momento, pero mi consejo es que tengas cuidado, son muchas las cuestiones en juego…

No quiso agregar “Y no tendrán problema alguno en deshacerse de ti”, no le parecía bien asustarlo tanto si apenas había puesto un pie en la isla, bien podía ser que todo le saliera tal y como lo planeaba… Sea lo que fuere que estuviera planeando. La lógica le decía que tendría que preguntar, pero por otro lado, en ese mismo momento no tenía tiempo, y quedarse con la duda era buena excusa para regresar luego.

-Jajaja, claro que nos veremos de nuevo, tengo que regresar mas tarde a contarte que dijo mi superior ¿No? - Su risa le quitaba toda seriedad al pedido de Rexxus, alivianando así un poco el ambiente – Además ¿Qué tan seguido uno puede hablar con otro no-humano? Jaja, quiero saber más sobre tu pueblo, las costumbres de allá y todo lo demás – lo decía con mucho entusiasmo mientras frenaban frente a una bonita posada en el centro de la zona de artesanos – Y yo te contare sobre los centauros si quieres, tenemos muchas cosas interesantes, te lo aseguro, o al menos muchas más de las que la gente promedio cree.

Hizo un saludo formal apoyando un brazo delante de su cuerpo y otro detrás e inclinándose levemente, en esa posada ya conocían a Ireth, así que no mirarían raro a Rexxus y sabrían atender a cualquier pedido que tuviera, lo cierto es que estaban acostumbrados a recibir extranjeros de muchos lugares lejanos.

-Regresaré como a la hora de la cena ¿Te parece? Y continuamos con la conversación, o empezamos una nueva, o como prefieras – Aunque para estas alturas ya era más un monologo, pero como siempre, Ireth no se daba cuenta de su verborragia – Tu solo espera, o también puedes dar una vuelta por la ciudad ¡Es muy bonita! Pero no te metas en problemas – Mientras se iba alejando seguía hablando, hasta que finalmente se despidió y salió trotando calle arriba.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 03/03/15, 01:38 pm

Rió junto a ella, para restarle la importancia que realmente tenía toda la situación. La miró honestamente a los ojos, un gesto que hacía prácticamente con todos. Detestaba tener que agachar la cabeza o mirar hacia otro lado si no era una mera reverencia cordial, lo consideraba una falta de respeto para su interlocutor. Jaja, ciertamente. Y su proposición de un intercambio cultural le supuso sonreír ampliamente, aunque eso supuso enseñar sus afilados dientes como pequeñas cuchillas. Será todo un placer para mí compartir una velada contigo, mi querida colega. Podremos hablar de eso y muchas más cosas. Dejó el tema abierto, debido a que seguramente ambos tendrían muchas preguntas y respuestas, acerca de gran cantidad de cosas.

La joven centauro era una presencia de lo más agradable. Muchos pensarían que ser guardia o militar requería poseer un carácter duro y frío. Pero aquel kayrano no lo veía así. Observaba a su nueva amiga, como una perfecta oficial de la guardia: De buen corazón, y de nobles intenciones. Eso era una mejor inspiración para el pueblo que alguien seco y desprovisto de empatía. Aquella verborrea de Ireth mostraba una cosa: Le gustaba la compañía, y eso decía también mucho a su favor. Con una leve inclinación de cabeza, y un gesto de giro de su mano derecha, se despidió de ella sin dejar de sonreír. Hasta esta noche entonces Ireth, procuraré no meterme en líos. Comentó mientras observaba al miembro de la guardia marcharse.

Al entrar en la posada, creó un gran revuelo. La gente se le quedó mirando asombrada y en parte también asustada. Fue también un impacto ver que aquella criatura era muy educada, y pagó mediante pepitas de oro, en una comparación con las monedas a favor del propietario. Aún no tuvo tiempo de ir a un cambista. El dueño le ofreció su mejor habitación, y por supuesto las comodidades de un baño y sábanas nuevas. El kayrano hizo lo que muchos viajeros cansados hacían nada más llegar a tierra firme: Tumbarse y dormir. Unas pocas horas en una cama mullida y sobre todo, en tierra firme, era un paraíso en comparación con las semanas embutido en camarotes compartidos y literas colgantes y camastros de mala muerte. Ya no se preocupaba por ronquidos ajenos, o manos demasiado largas. Una habitación para él solo. La disfrutó como un niño disfrutaba un juguete nuevo. Y lo mejor... El baño.

Su cultura veneraba el agua, era un bien escaso y compartido por todos. Pero en aquel nuevo mundo, rodeado por cantidades ingentes del líquido que da la vida, se pudo permitir aquella inocente blasfemia de bañarse sabiendo que luego tirarían el agua, no la reutilizarían. Se enjabonó a fondo para quitarse todo el salitre posible, y tras sentirse aseado, volvió a dormir hasta la llegada del crepúsculo. Entonces, y solo entonces, se ocuparía de atender a su nueva amiga, de aclarar sus dudas y avanzar en su búsqueda. Pero hasta ese momento, solo le preocupaba descansar.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 17/03/15, 09:10 am

Luego de dejar a Rexxus continuó con su recorrido habitual de guardia, en líneas generales era una muchacha muy alegre y extrovertida, pero el feliz encuentro la había animado aun más y varias de las personas con las que se detuvo a hablar se lo hicieron notar. Por seguridad no le dijo a nadie de que se trataba, aunque se había corrido la voz bastante rápido: “Un extraño hombre lagarto llegó a la isla temprano en la mañana”, pronto el rumor se volvería más y más exagerado hasta que lo describieran como a un dragón que aterrizo volando en el muelle o algo similar.

La idea le resultaba divertida, iba riéndose sola por las calles mientras patrullaba, de pronto pensó que tal vez algo similar había pasado cuando ella llego a Thialir, rumores sobre: “La extraña soldado mitad caballo mitad mujer”, dejo escapar una carcajada para luego taparse la boca con fuerza, estaba entrando ya en el fuerte principal y algunos soldados la miraban extrañados.

Camino más rápido en busca del Capitán que se encargaba de su patrulla, no podía ir directamente con las categorías mas altas, si quería que alguien la escuche tendría que empezar con los que eran más cercanos e ir ascendiendo. Encontró al hombre en la zona que se utilizaba para entrenamiento, vigilaba a un grupo de novatos mientras hacían los últimos ejercicios del día. Ireth se paro firme cerca de él y espero sin perder la paciencia hasta que se dio vuelta y la miro.

-¿A que se debe esta interrupción, Caballero Cillaro? –
No se conocían desde hace mucho, había pedido refuerzos para tener controlada la ciudad en momentos tan tumultuosos y le habían enviado a una centauro, en sí, no tenía nada en contra de ella, pero no era lo que esperaba.

-Señor, disculpe que lo interrumpa pero tengo algo importante que comunicarle – Se relajo de su posición una vez terminadas las primeras formalidades – En la mañana un extranjero desembarco en el puerto, dice venir de tierras lejanas y tener información importante en relación a la guerra, le prometí que iba a intentar que alguno de mis superiores lo escuche.

-Bien, entonces ya cumpliste con lo prometido, ahora retírese, todos tenemos muchas cosas que hacer y estoy seguro que usted también, joven Caballero – Hizo un movimiento con la mano como despidiéndola mientras se giraba nuevamente hacia los novatos – Bien, suficiente por hoy, todos guarden los elementos.

La centauro se sentía decepcionada de sus propias habilidades, era consciente de que la información que traía no parecía la gran cosa, y que lo más normal sería no prestarle atención al extranjero. Las islas estaban llenas de locos, estafadores y oportunistas que aprovechaban la guerra para poder sacar alguna ventaja, pero Ireth tenía mucha confianza en su capacidad para evaluar a las personas, y Rexxus le había parecido un hombre muy honesto.

Ya estaba anocheciendo, por ese día al menos no podría hablar con nadie más, se dirigió hacia su cuarto para dejar la armadura y las armas, se puso su ropa de descanso que consistía únicamente en una camisa con la insignia de la Orden, se puso un cinturón con una daga como única herramienta de defensa y salió nuevamente. Fue trotando hacia la taberna donde había dejado al guerrero en la mañana, asomo apenas por una de las ventanas, saludando al dueño del lugar que era conocido suyo.

-¡Buenas noches Señor Cole! ¿Qué está preparando hoy? – Había entablado amistad con el hombre cuando se encargo de descubrir quienes eran los que estaban saboteando sus barriles de cerveza por las noches – ¿Esta el Señor Rexxus en su cuarto?

-¡Ah! Señorita Ireth, hoy tenemos un estofado con pescado y si, debe estar descansando, causo gran impresión cuando llego, debería haberme avisado antes de traer a tan exótico visitante – Cole apoyó los brazos en el marco de la ventana mientras hablaba con la centauro – De todos modos, creo que recibió todas las comodidades.

-Jaja, yo se que si, Señor Cole, su posada es la mejor de todas – Le respondió sonriente, consideraba que era verdad lo que decía, pero además su amabilidad siempre podía más que la razón – Esperare a que baje entonces, no tengo apuro.

Se quedó parada junto a la ventana que daba a la calle, aunque el dueño del lugar no tardo en traerle algo de beber, un jugo con varias frutas y mucha azúcar tal como a ella le gustaba, espero así a que Rexxus apareciera en la sala común mientras miraba pasar a las personas.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 27/04/15, 05:37 pm

Reconocía que el aire fresco y salado era algo nuevo. No pudo dormir bien del todo. Nuevo mundo, distintos colchones, distintas camas... Todo era tan extraño que el cuerpo aún no se le había acostumbrado. Pero al menos si había reposado y recuperado algo de fuerzas. Lo que le recordó, que había quedado con Ireth para cenar. Por ello, sacó ropas sencillas, pero a la vez limpias y con cierto toque elegante. Se vistió con unos pantalones blancos de seda, bombachos, como era normal en la moda de su tierra. Para el torso, debido a que hacía algo de fresco, se puso una camisa roja, de seda. Las mangas, cuello y ribetes de las líneas de las costuras, era de un finísimo hilo dorado, con una manufactura artesanal que rozaba la genialidad. Se puso un para de abalorios de plata, nada demasiado cargado, iba a cenar de forma informal después de todo.

Al bajar las escaleras, creó algo de expectación. No todos los días uno ve un reptil azul de casi dos metros pasear por el comedor. Al ver a Ireth con el posadero, el kayrano hizo un gesto como de abrazar, pero sin hacerlo realmente. Ya lo había hecho antes, al parecer, ese era un saludo informal, y la verdad, daba la sensación de ser un modo de decir "hola" alegre y con confianza. Mi querida colega. Dijo con su acento seseante y dulce al mismo tiempo. Por favor, ven, sentémonos mientras tomamos la cena juntos. Sus modales suaves, eran casi como una invitación a viajar por las nubes. ¿Todo su pueblo sería así? Era extraño que un ser de aspecto tan feral y peligroso, se comportase casi como un príncipe. Y a decir verdad, un par de parroquianas se habían imaginado con esa voz y ciertos detalles a un noble de tierras lejanas, de atractiva figura y exótica piel morena. Pero la imagen de un reptil gigante, les apartó del sueño inmediatamente.

En la mesa, esperó a que Ireth tomara asiento primero. Le había dicho al señor Cole previamente que ella iba a cenar, y conociéndola, le preparó un espacio cómodo para ambos, en el que ella no estorbaría a nadie, y podría tumbar su parte equina, rodeada de cojines, un detalle muy amable por parte del extranjero. A continuación, se acercó al amable tabernero de sonrisa amplia. Buen hombre, hoy quiero agasajar a mi nueva amiga. ¿Sería posible traer el mejor plato de esta noche, con una jarra de algo especial? Asintiendo y con la alegría de ver una buena paga aquella noche, el tabernero les sirvió antes del plato principal, una jarra de vino y una bandeja con fruta de temporada, y algo de pan.

Entusiasmado, Rex cogió unas uvas, y las probó, no estaban nada mal. Aprobando la nueva fruta, miró a la centauro, esperanzado. Y dime ¿Recibieron tus superiores mi mensaje, podré hablar con alguien de importancia? Necesito ayuda, y espero que la gente a la que sirves, incluso tu Diosa, puedan ayudar a mi pueblo. Sabía que quizás también podría recibir una negativa, pero... Había llegado muy lejos, y no quería marcharse de aquella isla sin haberlo intentado con la suficiente fuerza o con los recursos diplomáticos necesarios. Su princesa le necesitaba.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Heimdall el 15/05/15, 03:44 pm

Era largo explicar como había llegado el enano desde una de las costas más inhóspitas de Cessele a la floreciente y agradable Thialir. Su llegada había sido... accidentada, pero ahora llevaba ya un cierto tiempo en el archipiélago y se había acostumbrado a la idiosincrasia de sus gentes y a la abundancia de gente alta. Había aprendido que aporrear a un elfo en público podía ser más perjudicial para él mismo que para el asqueroso engendro de orejas puntiagudas, y que en realidad los humanos, que eran lo más común en el archipiélago, no tenían mucho en común con esa odiada raza.

Durante este tiempo de vagabundear por el archipiélago, había conseguido dinero vendiendo sus habilidades como combatiente y artesano aquí y allá, siempre en busca de rumores que lo acercaran a la gran ciudadela enana que suponía oculta en alguna isla del archipiélago. Era precisamente ésto lo que le había hecho desembarcar en Thaialir, una isla que hubiera obviado gratamente en cualquier otro caso. Él era un guerrero. De hecho, era un Centinela. Llevaba más de un siglo combatiendo en primera línea de batalla a los enemigos de su clan y de su reino y, francamente, un lugar en que la posibilidad de una escaramuza tendía dramáticamente a 0 no era un lugar que le planteara mucho interés a priori. Pero el descanso del guerrero es imporante, y alojado en la posada del señor Cole había pasado una semana de indulgencia y divertimento; la cerveza era buena y los contertulios en general, agradables.
La Orden era un tanto estricta y sus miembros bastante estirados, pero sentía cierta afinidad por ellos. Ellos creían en su diosa y Heimdall en los suyos, pero su fervor le inspiraba una especie de respeto. Tampoco hablaba en público de sus orígenes ni sus credos, y hasta el momento no había tenido problemas. Hasta el momento.

Era por la noche, y sentado en un rincón de la taberna, a solas, degustaba el cuarto plato del estofado de pescado de Cole. Lógicamente el pescado era algo extremadamente común en Jaspia, pero para Heimdall, nacido en las profundidades subterráneas, seguía siendo un plato exótico. Junto a los tres cuencos amontandos en un rincón de la mesa (en los cuales no quedaban ni las espinas) había otras tantas jarras de cerveza.

Con disimulo, un tipo de aspecto patibulario y que le sonaba de algo se sentó frente a él. Heimdall alzó la vista, masticando con ahínco un trozo de cartílago especialmente combativo.

-¿Recordáis Mosélec? -susurró el extraño, que tenía en su mano un vaso de cerámica lleno de vino, esa bebida cara y oscura que tanto gustaba allí. Claro que lo recordaba. Era imposible olvidar aquello, su emocionante aterrizaje en Jaspia. Todavía tenía en su baúl los que quedaba de la maza ceremonial con la que había partido alguna pierna, y alguna cabeza.

Heimdall no dijo nada, sino que tragó y se dispuso a dar un largo, largo trago de cerveza que vació el recipiente. No era negra enana como la de su tierra, pero serviría. Echaba más en falta sus armas y armadura, que reposaban tranquilamente en su habitación. Mientras bebía, sonrió para sus adentros. No le hacía falta el martillo sagrado de sus ancestros para acabar con ese desgraciado, ni con los otros tres o cuatro que había visto situarse estratégicamente en la taberna, con disimulo. Piratas piojosos. Si no habían recibido todo lo que querían, tendrían más.

-Me temo... ¡que sí!

Como una exhalación se abalanzó contra el bucanero, tumbando la mesa en el proceso, y sacudiéndole un fuerte golpe en la sien con el borde chapado en metal de la jarra. El hombre reculó y cayó al suelo, en gran parte por la sorpresa, pero sobretodo por el impulso de 120 kilos de enano embistiéndole con una jarra de cerveza como punta de ariete.

-¡Ajá! -exclamó el enano, triunfante, esperando al resto de los esbirros. Era evidente que el centro de atención de la taberna ahora eran ellos, y el pobre Cole ya se había escondido bajo la barra con las manos en la cabeza.

Spoiler:
Sé que la entrada es un poco brusca, pero no me he podido resistir Razz ¡Si no os apetece una peleílla tabernaria, siempre se puede decir que el resto de esbirros huyen! Por eso he dejado en el aire su acción, y su número Very Happy
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 18/05/15, 12:59 am

Saludo a Rexxus en cuanto lo vio bajar por la escalera con total naturalidad, mostraba una sonrisa amable aunque no pudo darle la mano a su acompañante como le hubiese gustado porque aun tenía algo de fruta. No era muy quisquillosa con los modales, aunque había tenido que aprender algunas cordialidades básicas cuando entro a la Orden, por lo que espero a que el hombre se diera vuelta señalando la mesa para deshacerse de la fruta y haciéndose la distraída se asomo para ver lo que había preparado para la cena.

-Oh... Rexxus... Esto es ... - Era mucho más de lo que esperaba y en cierto modo la confundió - Jajaja, no tenías porque hacer nada de esto, podríamos haber salido afuera y ya - Tampoco quería decirle que no de modo directo, eso sería muy mal educado de su parte y no sabía cuáles eran las costumbres del lugar de donde venía él.

Habían una larga lista de cosas a las que Ireth no estaba acostumbrada, detalles que su corta existencia no habían llegado a abarcar, nunca había intentado bailar, nunca había tenido una cita, jamás había tomado de mas, y nunca la habían invitado a cenar con tanta formalidad. Sintiéndose algo incomoda se acerco a la mesa, pero no quería tumbarse, se quedo de pie e intento continuar con la charla con normalidad.

-Le di tu mensaje pero... No creo que me tomara muy en serio - Negó con la cabeza sintiéndose en parte culpable - Lo siento, pero si intento decirle a algún capitán de más alto rango será como pasar por encima de la autoridad de mi superior, y eso podría traer muchos problemas - La situación de la centauro en la Orden no era la más firme, y sin duda cualquier error podía costarle el estar de vuelta en su poblado en menos de lo que canta un gallo.

Preocupada como estaba por cenar con naturalidad e intentar que Rexxus entendiera la situación, siquiera se había percatado de la presencia de un enano en el lugar, normalmente hubiese sido lo primero que llamara su atención, ya que jamás había visto a uno, pero al tener todas esas otras ideas en su cabeza el menudo sujeto había pasado totalmente desapercibido.

Al menos, claro, hasta que el sujeto decidió dar vuelta una mesa y atacar con una jarra de cerveza a un hombre que estaba a su lado. Ireth se quedo igual de sorprendida que todo el resto del salón, en general la taberna de Cole era muy tranquila, nadie esperaba ir allí y encontrarse con una pelea. Los clientes que no estaban involucrados salieron rápidamente del lugar o se escondieron para evitar problemas.

La centauro en cambio se puso sería, su agradable gesto habitual se torno severo y firme, observo la situación, al parecer el enano estaba solo, y contando al primer golpeado, eran nueve sujetos los que parecían buscar pelea.

-Esto es una cobardía y una canallada, además de una clara infracción a las normas de la ciudad - Dijo Ireth en tono alto y firme para que todos la escucharan con claridad - Los exhorto a abandonar esta lucha innecesaria o me veré obligada a... - Siquiera la dejaron que terminara, una daga voló en su dirección clavándose con fuerza en una de las vigas que sostenía el techo de la sala - De acuerdo, ya fue suficiente de dar la señal de alto - Casi ningún guardia cumplía con la tonta regla de avisar antes de arrestar a los malhechores, pero ella no podía darse esos lujos.

El lugar era muy reducido e incomodo para pelear, no podría usar más que sus manos y no quería romper las cosas ya que sabía que luego tendría que pagarlo el pobre Cole. Pero ninguna desventaja podía amedrentarla cuando se trataba de cumplir con su deber. Cuando uno de los piratas se acerco a ella, daga en mano, para intentar herirla se movió a un lado lo justo y necesario como para poder darle un buen golpe con su parte equina, luego le sujeto el brazo, se lo torció hacia atrás hasta que soltara el arma y finalmente lo tiro al piso donde lo pateo para que se quede inconsciente.

Otro apareció por atrás pero no tardo mucho en hacer el trayecto inverso, cuando la centauro le dio una buena patada con sus patas traseras, haciéndolo salir volando por la puerta de entrada del lugar. Aun quedaban siete mas, pero la caballero se encargaría que esa noche todos y cada uno de ellos durmiera en una celda.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 07/06/15, 07:01 pm

Aquello no le gustaba. No había sido escuchado. Con un chasquido, mostró su frustración visualmente. No la culpaba a ella, estaba atada por el cumplimiento de su deber. ¿Qué podía hacer él? Resoplando levemente, volvió a una sonrisa algo amarga, como disculpatoria. No has de dar explicaciones, mi querida colega. Dijo con su acento exótico y seseante, a la par de amable y dulce. Ambos nos debemos al honor y a la obediencia de nuestras leyes, lo entiendo perfectamente. Buscaré la forma de ser oído, y te agradezco muchísimo que te hayas prestado a ayudarme. La gente del desierto apreciamos la buena voluntad como un regalo divino, y por ello estoy en deuda conti...

Su frase se paró en seco al ver cómo una mesa salió volteada hacia un tipo. Eso solo significaba una cosa: Pelea. Sus instintos le dieron la alarma, y por un segundo, el mundo pareció detenerse. Toda su concentración iba enfocada en el momento, en analizar lo que le rodeaba: Un enano, el que inició la pelea. Entre ocho y nueve hombres había contado que se habían levantado de forma hostil. El resto, escondidos o huídos. Como pilar central: Ireth. Su cuerpo era muy grande, pero poseía buenos elementos de defensa en puntos simultáneos. Fue entonces, cuando arrancó él también.

Se alzó de su asiento, y cuando uno de los combatientes le miró extraño, usó su confusión para sacar ventaja. Aquel rufián iba armado con la pata de una silla que había arrancado convenientemente. Al observar al reptil, no pudo evitar sentir hasta curiosidad. ¿Y tú qué eres... Un lagarto? Con las manos en la espalda, Rex emitió un asomo de risa seca, como un bufido. Tsé, curioso, pensé que eso se lo decían más a tu madre. Confusión, la ira repentinas, aliados psicológicos que emplear en una pelea, que aturden y obnubilan al adversario, que lo vuelven vulnerable. Bajo el manto de la ira súbita ante la provocación, y el no saber qué hacer, el pirata arremetió contra el kayrano bamboleando su improvisada arma. De un rápido giro, el reptil usó su cola para desarmar a su contendiente, rompiendo el pedazo de madera al haber empleado su quinto miembro como una contundente porra. Aprovechando el giro, el raptoria estiró su pierna derecha para propinarle una potente patada en el plexo solar al pirata, y dejarle tumbado en el suelo y privado de aire. Uno menos.

El problema con tener un estilo de lucha estilizado y fuerte, es que llamas la atención, y otros dos piratas se lanzaron a por Rex sin titubear. Armados con cuchillos, el primero falló un tajo horizontal, gracias a los reflejos del reptil, pero por desgracia el otro no lo vio venir. El segundo atacante, notó cómo enganchaba algo con su puñalada, y rasgó para sacar el cuchillo y hacer más daño. En el costado izquierdo, el raptoria notó algo afilado y frío, y después calor... Le habían tocado sin duda. Aquella herida punzante hubiera ido a mucho peor de no ser por su gruesa piel de escamas. Aún así, aquello le escocía y le hacía sangrar, aunque su preocupación se centró más en su camisa. Sorprendido y enojado, miró la mancha y el rasgón hecho en su prenda, y luego a los pillastres. ¡Ésta prenda era un regalo!... Esto os va a costar rufianes. Como una furia ciclónica, se lanzó a por ambos, esquivando y amagando puñaladas, usando su velocidad natural y su disciplina marcial. Usaba sus brazos para desviar los ataques y pullazos que le venían directos. Los tajos tenían intenciones asesinas, pues no eran vulgares borrachos, sabían lo que hacían. Su camisa acabó hecha jirones, y en una exaltación por la adrenalina, acabó arrancándosela, mostrando ahora todo su torso. Poniéndose en guardia, era su turno.

Usando su cola y las garras de sus pies como ventaja, se movió con velocidad entre los tajos al aire. Al de su izquierda, le agarró del cuello con la cola, y sin dejarle reaccionar, le estampó contra el suelo, usando el giro con el que la garra de su pie derecho agarraba el tobillo del pirata de la derecha. Así tuvo en el suelo y a sus espaldas a ambos contendientes. Colocados estratégicamente, les golpeó al mismo tiempo. Usó su cinética del momento, para dar una impresionante voltereta de tirabuzón, y con ello, usó primero una pierna y luego otra, para dar sendas patadas en los mentones de sus contendientes. El primero salió despedido dando vueltas, y el segundo se llevó la peor parte, porque era el golpe con más contundencia. Rexx clavó además sus garras en la cara del sujeto, para propinarle un buen zarpazo. Notó como arañó la piel, y del golpe, su pie sintió el crujir de la mandíbula de aquel tipejo. Ese no se volvería a levantar, y se llevaría un buen recuerdo en la cara. Tres derribados, y uno fuera de combate... ¿Quién sería el siguiente?

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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Heimdall el 20/07/15, 11:00 am

-¡¡Así aprenderéis a respetar a Heimdall, hijo de Angroshim, guerrero del Clan Amfist, centinela de la Fortaleza bajo la Monta... Por las barbas del rey Thodran!! -exclamó, interrumpido su discurso por la irrupción de una guardia mitad mujer mitad caballo, un reptil humanoide y casi una decena de indeseables con las palabras pirata y asesino escritas en la cara.

Por suerte, tanto la centauro como el extraño reptiliano parecían estar de su bando (de momento, al menos), y eso le permitía estar un poco más relajado en cuanto a los enemigos que le tocaban. Con el tamburete en una mano y la jarra de cerveza en la otra, retrodeció un paso, hasta hacer contacto con la espalda en la pared. Gentuza como aquella eran los que te apuñalaban en la nuca y salían corriendo, y con eso hasta un guerrero enano de su calibre debía tener cuidado.

Dos tipos venían hacia él, alfanjes en mano. Uno le lanzo un tajo horizontal, que fue interceptado por el taburete a la vez que el enano se impulsaba para propinarle un cabezazo en el estómago a su rival que lo tumbó de espaldas contra el suelo. Aprovechando el momentáneo fuera de combate del primero se enganchó con el otro, que sí tuvo tiempo de hacerle un feo tajo en el brazo antes de tener que retroceder ante la oleada de golpes de jarra, patadas y mordiscos que el enano profería entre aullidos y gritos de batalla. Un certero golpe en la mano le hizo soltar el arma, y salió corriendo detrás del otro esbirro que quedaba en pie, directo hacia la puerta de la taberna.

La herida del antebrazo dolía como rayos, pero el enano simplemente se la miró con expresión fiera y maldijo en lengua enana. No iba a demostrar que los hijos de la montaña sentían dolor delante de aquella gente, y menos por un rasguño causado por un bandido piojoso cualquiera, por mucha ventaja numérica que tuviese.

-Siempre viene bien un poco de ejercicio después de cenar -añadió inmediatamente con voz jocosa-. ¡Tabernero! ¡Tres jarras de vuestra mejor cerveza, pago en oro, por Moradîn! Aquellos que combaten al lado de un desconocido contra la escoria que le persigue son dignos de la confianza de un enano -concluyó, con una amplia sonrisa-. ¡Soy Heimdall, hijo de Angroshim, guerrero del Clan Amfist! Y éstos no son más que unos pobres diablos que no tuvieron bastante con cruzarse en mi camino una sola vez.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Rexxus el 08/08/15, 11:44 am

La cosa había sido muy intensa. Hacía días que no había tenido ninguna reyerta, ni problemas. Nuevamente se tocó la herida del costado, que escocía. Con una mueca de desagrado, comprobó que sangraba, aunque no profusamente. Se acercó a lo que quedaba de su camisa, y la usó de gasa improvisada, para atarse alrededor del cuerpo una venda que presionaba el resto de la prenda hecha jirones. Al menos, pararía la hemorragia. Su adrenalina y su fuerte tolerancia al dolor harían el resto. Lo primero que hizo fue acercarse a Ireth, a examinarla para comprobar su estado. ¿Te encuentras bien, estás herida? Dijo en un tono realmente preocupado. Al comprobar que la centauro estaba de una pieza, hizo algo bastante extraño e insólito en un luchador: Se puso a limpiar y recoger. Levantó sillas para ponerlas encima de las mesas, y arrastró a los inconscientes a un solo rincón. Se puso a recoger bandejas y platos rotos, como una costumbre de alguien pulcro y ordenado. Qué lástima de comida y de bebida, tenía todo un aspecto muy bueno... Odio que desperdicien algo tan valioso como el alimento. Dijo más para sí, cuando al alzarse vio al enano. Había visto a algunos congéneres, pero de su inusitada fuerza y bravura solo había oído hablar. Se acercó a Heimdall tras oír que bramaba una invitación.

Agradecido estoy por la invitación buen señor... Vaya, os sangra el brazo, tened, no es bueno tener esas heridas manando sangre. Le ofreció amablemente otro trozo de su camisa, para que al menos se limpiara y tapara la hemorragia. Al oír la presentación del enano, inclinó levemente su cabeza para responder al saludo. Yo soy Rexxus Tarik Ibn Fahallad Ibn Rahid, la Espada del Desierto, pero mis amigos me llaman Rex. Habéis tenido mucho temple, es cierto entonces que los enanos sois una raza muy brava. Tras aquel cumplido, sacó su bolsa con unas cuantas pepitas de oro, que puso en la barra. Espero que esto cubra en parte los destrozos y las molestias, me siento en parte culpable por haber participado en este caos, lo cual me recuerda... Ireth, ¿Qué hacemos con estos? Señaló al montón de malandrines que estaban hechos polvo y que el sauriano había colocado en un rincón, listos para ser empleados como designara la autoridad, en aquel caso, la miembro de la guardia. En el gesto del reptil, se veía el corazón de un auténtico noble. No alguien de alta cuna, si no de valores elevados, un rasgo en aquellos días mucho más raro que la anatomía de su cuerpo. Con un gesto afable, pero dolorido, se sentó en un taburete de barra aún en pie, mientras se sujetaba la herida, que ya había empapado la seda, dejándola de un color burdeos algo preocupante.

Al mirarse las manos, vio que la gasa improvisada no era suficiente, y por ello, cogió un trapo que vio tirado del suelo, para hacer más presión. Mucho me temo que necesito un galeno, si no me cosen, mañana o pasado estaré desangrado. Su sonrisa estaba torcida, presa en parte por el dolor y otra por la preocupación. Su tono azul habitual estaba empezando a palidecer, eso era un rasgo de que, al igual que las razas de piel suave, el color de su cuerpo podía denotar distintos grados de salud, y un tono pálido en alguien cuyas escamas son de un color vivo... No podía ser muy bueno que digamos.

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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Ireth el 21/08/15, 05:08 pm

La lucha había terminado más pronto de lo esperado, seguramente los bandidos no habían contado con que el enano recibiera ayuda de personas de la posada, mucho menos que un centauro y un hombre reptiliano serían esas personas, y es que en verdad hubiese sido difícil imaginar semejante encuentro para cualquiera. Ahora yacían algunos tirados por el comedor, otros tantos en la calle, pero la mayoría había logrado esconderse o correr lejos.

Ante la preocupación de Rexxus, Ireth levanto las manos haciendo gesto de que no se preocupara, y es que en verdad los hombres se habían encargado de la peor parte, ella apenas y si había tenido que moverse. Era mejor así, no estaba bien que un caballero se involucrara en peleas de posadas, menos aun en su tiempo libre, eran el tipo de detalles insignificantes que podían resultar en que la manden de nuevo a su tribu con el resto de los centauros.

-De verdad que se veía muy rico, es una pena… - Aunque por otro lado, no habría sabido bien que hacer en una cena tan solemne, más bien le producía algo de pesar por las molestias que Rex se había tomado – Eso se ve muy feo, podría infectarse ¿No desea que lo lleve a casa de una curandera? Ah, jajaja, cierto, presentarse – Se rió divertida al notar su torpeza – Soy Ireth Cillaro, Caballero de la Cabala de la Espada, para lo que guste mandar jaja – Sonreía con esa encantadora inocencia natural que la caracterizaba – Son muy pocos los enanos que conocí, y la mayoría de ellos comerciantes ¿Usted es comerciante Señor Heimdall? Aunque dijo ser guerrero ¿Es ambas cosas a la vez? ¿Eso se puede? – Tenía muchas cosas para preguntarle pero Rex llamo su atención sobre algo más urgente – Cierto, hay que encerrarlos…

Tendría que levantarlos y llevarlos uno por uno a donde estaban los guardias de turno, hacer un informe de lo que había pasado, explicar porque algunos se habían escapado. Tampoco podía asegurar que Heimdall no terminara también involucrado en el asunto por causar disturbios en la ciudad, seguramente aunque ella declarara que el enano no había buscado pelear su palabra tendría poco peso. Estaba evaluando las opciones cuando vio el repentino cambio de Rexxus.

-¡Por lo Dama! Parece que es peor de lo que pensaba – Cuando vio al sauriano poniéndose la venda había pensado que no era más que un rasguño. Se acerco a él rápido y le ofreció el hombro para que se apoye – Ven, buscaremos alguien que te cure, y a usted también Señor Heimdall, creo que se terminaron las cervezas y las peleas por esta noche – Un gesto serio y preocupado acompañaron sus palabras, todo aquel que sufriera algún daño en esa parte de la ciudad estaba bajo su responsabilidad, estuviera o no en guardia, lo sentía su deber como caballero y como persona – Tal vez la señora Rickner se encuentre despierta aun… - Intentaba pensar rápidamente mientras ayudaba a Rex.
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

Mensaje por Heimdall el 12/10/15, 09:28 am

Había un dicho enano que rezaba que "Bien está lo que bien acaba". Literalmente venía a decir algo así como que "una piedra bien pulida es una piedra bien pulida", pero dado que la mayoría de personas con quien había tenido oportunidad de compartirlo no habían podido captar los sutiles matices del refrán original en lengua enana, normalmente ahora lo decía traducido, o no lo decía, pero lo pensaba. Fuera como fuera, lo cierto es que hubiera servido bien para describir la situación en la que habían quedado en la taberna, hasta que el reptiloide le hizo notar que realmente la herida del brazo no era un simple rasguño.

-Habrá más comida en las cocinas... ¡Posadero! -bramó, todavía exaltado con la adrenalina del combate-. Lo que me sabe mal es la cerveza, por los martillos de mi abuelo -gruñó, y luego tomó el trozo de tela que le tendía el otro. En otras circunstancias lo hubiera rechazado por orgullo, pero al fin y al cabo el otro guerrero estaba siendo cortés con él, y no podía hacerle un desaire al que había acudido en su ayuda pudiendo perfectamente haberse negado.

-Gracias... Um, Rex -respondió un poco hoscamente, mientras utilizaba el pañuelo para limpiarse un poco la sangre que caía sobre el brazo-. Es el brazo de alzar la jarra. Mejor que esté en buen estado -dijo luego para quitarle hierro al asunto, riendo sonoramente a carcajadas-. ¿No hay enanos en vuestras tierras? -preguntó, halagado con el comentario-. Bueno, como vos en las mías tampoco, así que tal vez eso lo explique todo. ¿Quién es Ireth...? ¡Ah!

El enano se giró hacia la figura que hablaba, de aquella raza extraña que lo abrumaba un poco. No le gustaban los caballos, y no entendía esa manía de elfos y humanos de encaramarse a ellos. ¿Acaso no sabían utilizar los pies? El suelo era más estable y más seguro, y a lomos de un caballo no se puede utilizar un hacha a dos manos o un martillo de guerra. Su perorata mental en contra de los caballos se vio interrumpida por la avalancha de preguntas de Ireth, que tampoco parecía saber mucho sobre su raza.

-¿Comerciante...? ¡Por Moradîn! No tengo nada en contra de los mercaderes, pero no soy uno de ellos. Soy de la casta de los Centinelas, los vigilantes, los protectores del reino enano, que para eso nací en el Clan Amfist de Nidavellir. Esos tipos son piratas, piratas que que por lo visto no quedaron satisfechos tras intentar secuestrarme -dijo entredientes, mirando con unos ojillos llenos de odio a los pobres diablos que habían quedado tumbados allí. Sin embargo, él se esperaba un buen banquete para celebrar la victoria, no tener que ir a rendir cuenta con las autoridades.

-¡Ah, no! Que nos pongan un vendaje estará bien, pero en algún momento habrá que celebrar la victoria, ¿o no? ¿O también eso se prohíbe a los miembros de vuestra Orden?
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Re: El Heraldo de las Dunas (libre)

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