Censo
Últimos temas
» Vestigios del pasado
30/08/17, 06:51 pm por Auria

» Mientras la Dama esta distrída... ~~♫ [Kirill]
30/08/17, 01:33 pm por Sophitia

» Rumbo a Moselec (Trama 3)
30/08/17, 10:22 am por Sophitia

» Abyss Gate [Élite]
30/07/17, 09:41 am por Delin

» Adonde me lleven los sueños
27/07/17, 04:19 pm por Seizan

» Olvido de hombre muerto
04/07/17, 04:49 pm por Katt

» El plan de reclutamiento
18/02/17, 08:46 am por Maximilian Magnus

» El discurso del recaudador
19/01/17, 06:31 pm por Erin

» Quiero un tema!
10/01/17, 05:15 pm por Delin

Noticias
  • 13/04/16 ♒ ¡¡¡Nueva Trama!!!"Se reclutan piratas y maleantes varios" aquí.
  • 24/03/16 ♒ Conclusión de la Segunda Trama aquí!


  • Fecha Actual: Mes de Enki, 4994, II Era
PearlHook University 28_194846_96xb13Rol Psiquiátrico UnstSeven Capital Sins | +18, Yuri, Hetero, Yaoi, Razas MágicasMariollette Empire ~ ROL
Afiliados normales
KirillAdmin ♒ MP!
ChelsieAdmin ♒ MP!
LisandotMod ♒ MP!
DelinMod ♒ MP!
SophitiaColab ♒ MP!
CyrianColab ♒ MP!
Años Activos

Fuga a la desesperada

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Fuga a la desesperada

Mensaje por Guntar el 18/09/15, 09:45 pm

OFF: Pues acabo de abrir mi primer tema. Mala cosa para Guntar. ¿Se apunta alguien a darle un susto?

Maldita sea… ¿Cuánto llevaba corriendo? Ufff. Le parecían horas ya. Y todavía se preguntaba cómo había acabado en aquella situación. No. Lo que en realidad se preguntaba era cómo iba a salir de ella. Siendo sinceros, estaba metido en un lío bastante gordo. No. Un lío colosal. Si no se las apañaba para escaparse… ¿Qué es lo que iba a ocurrir? Hablar de cárcel era ser generosos. La tortura sería una posibilidad, pero no estaba seguro de que se tomasen tantas consideraciones. En el mejor de los casos, podía esperar que le incrustasen una cuarta de acero entre pecho y espalda, una muerte rápida y misericordiosa. En el peor de todos, acabar en la horca por ratero, la peor forma de dejar este mundo. Había visto a los ahorcados. A los más afortunados se les rompía el cuello con la caída, y ahí terminaba todo. La mayoría, sin embargo, pataleaban mientras el nudo les aferraba la garganta y les asfixiaba, manchaban sus pantalones, y luego se quedaban colgando ahí, delante de todos, despojados de la poca decencia que pudiesen haber tenido. Abandonaban la vida igual que habían llegado a ella, sucios y llorando, alzando la mano en busca de consuelo. Diablos, no. ¿Cómo iba a acabar así?

Ni siquiera estaba seguro de si las calles de los arrabales hacían las cosas más fáciles o más difíciles. Cada vez que trataba de huir acaba topándose con sus perseguidores de nuevo, en alguna encrucijada que el caótico crecimiento de la ciudad había colocado a traición. Y maldita sea, los guardias podían ser tenaces cuando había dinero de por medio. Pero no era su culpa, ¿de acuerdo? ¿Quién habría podido pensar que aquel tipo iba a llevar tanto dinero en la bolsa, y que iba a ser tan importante? Visto en retrospectiva, había sido un error de novato. El tipo llevaba buenos ropajes, tenía pinta de mercader… Y lo que todo buen ladronzuelo sabe es que no hay que meterse con los mercaderes. No debería haberle cortado la bolsa del cinto. Esos tipos tienen un olfato tremendo para el oro, era imposible robarles nada.

Así que allí estaba, escondido detrás de unas cajas en alguna callejuela apestosa, mientras sobre él caía el sol de justicia del mediodía. Había corrido todo el camino desde la Avenida del Mercado, intentando despistar a los tipos que le seguían. El barrio estaba lleno de guardias que le buscaban, dispuestos a complacer a aquel tipo y llevarle al pillo que le había quitado su dinero. Y la situación pintaba cada vez más negra. De repente, al fondo de la calle, resonó el eco metálico de un par de armaduras. Se le erizó el vello, y el corazón comenzó a latirle con fuerza. Apretó los dientes y trató de contener la respiración, de calmar los nervios. No podía dejar que su propio cuerpo le traicionase. Entonces, ruido de armaduras al otro lado de la calle. Estaba rodeado. Y lo que era peor, acababan de verle.

—¡Tú, chaval! ¡Levanta y pon las manos donde pueda verlas! —resonó una voz rasgada. Guntar se volvió al hombre. Era un soldado veterano, el rostro surcado de arrugas bajo la visera levantada—. ¡Y nada de trucos! Ya nos has mareado suficiente…

¿De verdad habían mandado a ese tipo de gente detrás de un chiquillo asustado y desnutrido? Eran soldados de verdad, guardias vestidos de armadura, con las espadas afiladas. Tipos que sabían pelear, que se habían enfrentado a alimañas diez veces peores que él. ¿Cómo se había metido en semejante desaguisado? Mierda, el mercader debía ser de veras importante. Podría entregarse y devolver el dinero, esperar que fuesen sensatos y le perdonasen. No le dejarían marchar, pero con un poco de suerte se conformarían con cortarle una mano. Claro, ¿pero entonces qué? A la calle de nuevo, en peores circunstancias que nunca. Siempre había salido adelante, pero… ¿Así? Difícilmente. Lo único que se le daba bien era robar. Eso iba a ser muy complicado una vez estuviese tullido.

—No queda otra entonces… —se dijo, mientras se ponía en pie lentamente, saliendo de su precario escondrijo entre aquella montaña de cajas viejas. Luego se giró al hombre y le gritó—. Sin trucos… Sólo me quedaré aquí y…

Sin previo aviso, se giró y comenzó a trepar por las cajas como si fuese un felino. Los hombres trataron de alcanzarlo, pero para cuando lo hicieron, él ya estaba en la cima de la torre y pudo saltar a los tejados. Y cuando los guardias trataron de seguirle, las cajas se desmoronaron bajo su peso. Algunas ya estaban podridas de antemano. A veces, comer tan poco podía venir bien. Unos cuantos kilos de más y habrían cedido bajo sus pies, dejándole a merced de aquellos hombres. Pero arriba era blanco fácil para un arquero, por muy agazapado que corriese, saltando de tejado en tejado. Tendría que bajar cuando antes.

—¡Seguidle por abajo! ¡Mandad a alguien a que le coja! —Escuchó gritar.

No tenía mucho tiempo antes de que la persecución se trasladase también a las alturas, y entonces estaría acabado. Necesitaba un escondite. Podría simplemente volver a su refugio en los arrabales, el desván de una vieja casa semi-derruida, pero entonces podrían perseguirle y estaría atrapado como un ratón. Primero necesitaba darles esquinazo. Siguió corriendo hasta el final de uno de los tejados, y entonces saltó todo lo lejos que pudo, hacia la calle. Fue una buena caída, desde luego, pero aterrizó rodando y evitó la mayor parte del impacto. Un par de arañazos y cardenales, nada del otro mundo. Los soldados todavía le pisaban los talones, y ahora los peatones le miraban sorprendidos. No era para menos, acababa de caer del cielo. Si quería salir de aquella, le tocaría sacrificar a su presa. Sacó la bolsa del mercader y uno de sus cuchillos y la rajó con rapidez. Luego, simplemente la lanzó para arriba. De repente caían monedas, y la multitud se lanzaba sobre ellas.
avatar
Guntar

Cantidad de envíos : 9

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Faeraste el 19/09/15, 10:11 am

Unos minutos antes, un nuevo grupo de guardias formaba en las afueras de la zona comercial donde se estaba montando todo el barullo de la persecución. Este grupo estaba formado por varios guardias vestidos con armadura ligera, Faeraste, y un oficial con una fea cicatriz en la cara y una sonrisa lobuna.

La drow había oído hablar de él: El sargento Winston había sido un espía prominente durante la guerra, pero una lesión durante una misión de sabotaje le había hecho perder la visión y audición de la parte derecha de su cara, por lo que ahora se dedicaba a entrenar y liderar a la guardia.


Muy bien, muchachos, queremos terminar esto rápido y limpiamente. Tenemos un chiquillo que ha robado una bolsa a un mercader. Eso no sería nada peculiar si no fuera porque todos los miembros de la guardia de la zona están intentando detenerlo, dando un espectáculo lamentable y dejando sus puestos atrás. el hombre suspiró, y Faeraste sonrió levemente. Eh, los humanos eran ineptos por naturaleza, era de esperar...

Así que las órdenes son sencillas: Detened al muchacho y obtened la bolsa. Me gustaría que no matáseis al chiquillo, pero si se resiste, no dudéis en defenderos. Eso es todo

La drow parpadeó un par de veces. ¿Ese hombre acababa de darle una orden ambigua? Ante su confusión, Winston sólo sonrió zorrunamente, dando a entender que sí, era consciente de lo que había hecho. ¿Qué demonios se le estaba escapando?

No importaba, tenía órdenes y debía cumplirlas, por lo que sin esperar al resto de sus compañeros, echó a correr calle abajo

Llegó justo a tiempo de ver cómo el chaval rajaba la bolsa y la lanzaba por los aires, por lo que ni corta ni perezosa, la drow se catapultó con la lanza, recogiendo la bolsa en el aire. Y no preocupándose lo más mínimo por las monedas que caían de ella.

Total, su misión era recuperar el contenedor, no el contenido.

Una vez tocó suelo, sus ojos rojos brillaron bajo su capucha, y sus blancos dientes también, en una sonrisa de gato de Cheshire que a más de un guerrero aguerrido habría provocado pesadillas. Ahora le quedaba la otra parte, la de detener al chaval.

Ni corta ni perezosa, echó a correr tras él, en un silencio completo. Sólo si Gunthar se giraba o aguzaba mucho los sentidos podría notar la presencia de la drow corriendo a toda velocidad tras él, la lanza en ristre, sonrisa peligrosa en sus labios.

Hacía tiempo que no se encontraba con una presa que corriese tanto, e iba a disfrutar jugando con ella...
avatar
Faeraste

Cantidad de envíos : 14

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Guntar el 19/09/15, 09:08 pm

Entre la marabunta de personas que se cerraban a su alrededor, Guntar se tomó un momento para coger un respiro y luego continuó su frenética carrera, marchando agazapado de manera exagerada, como si de un momento a otro fuese a comenzar a correr a cuatro patas, la vaporosa capa ondeando a su espalda. El viejo y malogrado cuchillo todavía brillaba en su mano, por si acaso se viera obligado a utilizarlo en cualquier momento. Mientras trataba de dejar atrás la amplia calle en la que había caído aprovechó para lanzar un vistazo por encima del hombro, advirtiendo una figura que le echaba detrás. Tenía algo de lo que los demás guardias carecían. Tal vez fuera la manera en la que le perseguía, o quizás un aura extraña que la rodeaba, pero era inquietante, peligrosa.

Algo le golpeó las tripas, una punzada de puro terror. Había pensado que con aquel movimiento lograría tener tiempo suficiente para largarse, pero visto lo visto… Le estaban pisando los talones y no parecía que fuese a lograr escabullirse por el momento.

Cuando había recorrido una distancia prudencial de la calle, el corazón golpeándole con fuerza en las sienes, decidió que era el momento de torcer. Describió un círculo completo sobre sí mismo sin frenar y arrojó el cuchillo contra la persona que le perseguía. Luego, sin preocuparse siquiera de si le habría dado o no, giró a un lado y se internó en la callejuela anexa. Esperaba retrasarle cuanto menos, retrasarle el tiempo suficiente como para que… Sí. De nuevo a las alturas.

Cogió carrerilla y saltó, impulsándose contra la pared de su derecha, elevándose lo justo y necesario como para alcanzar con las manos una viga que sobresalía en la fachada de adobe que estaba justo enfrente. No estaba muy seguro de cómo lograba hacer aquellas cosas o fijarse en ese tipo de detalles. Suponía que era cuestión de entrenamiento. No era su primera persecución, pero sí una de las más encarnizadas. Una vez se había aferrado, hizo fuerza con los brazos para elevar su ligero cuerpo, y ayudándose de los pies se apoyó sobre la viga para volver a impulsarse y alcanzar el tejado, que se encontraría a cuatro o cinco metros del suelo. Una vez hecho eso, pudo hacer palanca con los antebrazos e izar todo el cuerpo con facilidad. Y ya estaba arriba, en un tejadillo de madera.

Pero no era suficiente. Tenía que seguir moviéndose. Había perdido a la mayoría, pero… ¿Qué había del que le había seguido entre la multitud? Se agachó para que no pudiesen verle desde el suelo y comenzó a correr de nuevo, encorvado, en dirección opuesta a la calle comercial. Por suerte para él, era muy sencillo saltar entre los tejados de las callejuelas. No recordaba quién se lo había dicho, mucho tiempo atrás, pero la ventaja de una arquitectura que crece de forma orgánica, como ocurre en los arrabales, es que se generan callejas muy estrechas en las que es posible esconderse con facilidad. Y si alguna vez te veías obligado a moverte por arriba, era extremadamente sencillo perderse entre los tejados, sembrados de puntos de apoyo y zonas en sombra.

Pero algo le decía que aquello no era tan fácil. Se le podría llamar como se quisiera: Sexto sentido, destino… Lo que fuese. El caso es que una sensación en el estómago le insistía en que el día estaba lejos de acabar, y que de una forma u otra no iba a ser bonito. Emitió un ronco gruñido, apretó los dientes, y siguió avanzando. Tenía que vivir. No tenía motivos, ni sueños. Pero tenía que vivir, por el simple hecho de seguir vivo.

OFF: El post anterior avanzaba un poquito más. Debió traspapelárseme el final cuando lo pasé desde Word. Pero bueno, mejor. Así la acción comienza antes xDDD
avatar
Guntar

Cantidad de envíos : 9

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Faeraste el 01/10/15, 09:22 am

[FDI: Pido perdón por el retraso: Se me han juntado un par de vivos y mil cosas que preparar y no he parado por casa...]

Cuando el muchacho se giró para mirarla, sólo se encontró con una sonrisa de dientes blancos bajo las sombras de la capucha y dos ascuas rojas brillando bajo esta, lo que aparentemente azuzó aún más el miedo que sentía. Faeraste se regocijó internamente del miedo y zozobra provocada en su presa.

Se relamió mientras seguía azuzando al muchacho, manteniendo la distancia, azuzando simplemente con su presencia. Quería jugar un poco con él, asustarle un poco más, y finalmente saltar sobre él.

Quizás por eso mismo no se esperó que el muchacho girase sobre sí mismo y le lanzase un cuchillo, lo que la obligó a contorsionarse mientras se tiraba de rodillas, deslizándose bajo el proyectil mientras asía con fuerza su arma. Durante unos leves segundos, Guntar podría ver una piel oscura y rasgos élficos en su perseguidora, aunque posiblemente esos pequeños detalles no le importarían demasiado.

Fae se incorporó de un salto, retomando la persecución, mientras observaba cómo su presa subía a las alturas. Y sonrió, corriendo hacia otra bocacalle. Usando su lanza como una pértiga, se aupó hacia un saliente, lanzando después su arma contra la pared que se encontraba enfrente. De nuevo, saltó hacia su arma. aupándose a otro saliente mientras se contorsionaba para poder desclavar su apoyo.

Por desgracia, eso le había hecho perder unos preciosos segundos, pero un par de acrobacias más tarde, se encontraba agazapada entre los tejados, buscando con la vista a su presa. Cuando por fin la encontró, comenzó a moverse en sigilo, saltando de sombra en sombra sin perder de vista al joven muchacho.

Cuando por fin estaba lo suficientemente cerca, la mujer saltó por encima de una chimenea, en perfecto silencio, el cuerpo ligeramente echado hacia atrás, la lanza alzada...

Poco después, el arma de asta se clavaba peligrosamente cerca de la cabeza del muchacho rubio, mientras la elfa tomaba pie en el tejado, las manos a la espalda, la sonrisa aún en su rostro.
avatar
Faeraste

Cantidad de envíos : 14

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Guntar el 01/10/15, 08:58 pm

Maldita sea. PUM. Pum. PUM. Pum. Estaba seguro de que el corazón le iba a estallar a causa del esfuerzo y el terror. Un poco más, un poco más. No. Se le nublaba la vista. Mierda. Y también estaba el sudor frío. Las piernas se movían por inercia. Los tejados pasaban veloces bajo sus ojos, borrados. El cielo era una difusa mancha azul. El sol de justicia le golpeaba, pero ya no sentía calor. Un único pensamiento se repetía en su cabeza, una obsesión. Corre. Corre. Corre, pequeño cabrón. La adrenalina le inundaba el cerebro, le inflaba los músculos. Cuando se quemase, no podría seguir moviéndose.

Algo silbó junto a su oído cuando se disponía a trepar otra pared. Y luego se hundió con inusitada fuerza en el muro de adobe, haciendo saltar partículas de polvo por doquier, produciendo un chasquido estruendoso. Miró hacia un lado y descubrió una punta de acero firmemente hundida, clavada en el ladrillo con fuerza sobrehumana. Todavía se cimbreaba. Se le cortó el aliento, y todavía le faltó más la respiración cuando siguió el mástil con la vista, se giró, y se encontró tras él a la ominosa figura, envuelta en una capa, la piel de ónice apenas visible entre los huecos de la tela. No conocía a ningún guardia que fuera capaz de seguirle por los muros. No de aquella forma. Nunca había conocido a nadie capaz. Y sin embargo, allí estaba, acercándose con tranquilidad. La sonrisa se destacaba en su cara como si fuera de marfil. Una sonrisa ominosa.

Los pensamientos le colmaron la mente: “Corre. Sigue corriendo y no mires atrás, pequeño cabrón. Si te pillan, estás jodido. Si te pillan, lo mejor que te harán será cortarte la mano. Te tirarán en una celda apestosa. Te ahorcarán. Corre. Aún tienes una oportunidad.”
Y luego, otra voz decía: “Lucha. Tienes un par de cuchillos. Ella está desarmada. No se lo espera. Eres un animal acorralado. Si huyes, te pillará. Tienes que matar. Mata. Muerde. Tu cuerpo es un arma, pequeño salvaje. Mata, maldita sea.”
Una tercera voz, menos trascendente, susurraba: “Creo que has mojado los pantalones.” Y eso último era probablemente cierto, a tenor de la mancha oscura que se le había formado. Joder. A su edad.

Al final, apestando a orines y a terror, se impuso la lógica. ¿Por qué no lo hacía todo? Mataba, corría y se cambiaba de pantalones. Y con suerte, seguía vivo al final de la noche. Todavía llevaba encima un cuchillo viejo y la buena daga de su padre. Podría sobreponerse. Dio un paso al frente, como un gato al que se le eriza el pelaje, y descubrió que le temblaban las piernas. Pero no. Mierda. Tenía que salir.

¡Eh, pedazo de mierda! —Ladró a la figura, enseñando los dientes—. ¡Será mejor que te largues antes de que me enfade de verdad! ¡Aún estás a tiempo de salir de esta!

Y luego, sin previo aviso, lanzó el otro cuchillo oxidado. Esta vez con tiento, con más puntería que antes. Estaba acostumbrado a hacerlo. Sabía cómo tiene que hacerse. La mano muerta, los dedos apenas sujetándolo, con delicadeza, y un giro de muñeca. Luego, un latigazo con el brazo, y abres los dedos. Y el cuchillo voló directo a la figura encapuchada. Pero como antes, no tenía tiempo de delicadezas, no podía entretenerse, así que no se preocupó por el resultado y echó de nuevo a correr.
No fue hacia la pared. No intentó trepar. Eso le habría llevado demasiado tiempo. En lugar de ello, corrió hacia el borde del tejado. Podría saltar a la calle. No se haría daño, y tal vez le diese tiempo a huir, pero era un hervidero de guardias. No, no iba a bajar de los tejados. Tenía una idea mucho mejor. En cuanto llegó al final del edificio se apoyó con fuerza en la cornisa y se impulsó hacia el frente. Cruzó todo el espacio que le separaba de la casa de enfrente —una amplia casucha abandonada y semi-derruida—, pero no saltó al tejado. No, en su lugar, atravesó el cristal viejo de la ventana del último piso.

El marco se hizo añicos. Sintió cómo las astillas y las esquirlas de vidrio le arañaban los brazos, con los que trató de amortiguar el impacto. Rodó por el suelo de madera, se golpeó contra una mesa, y se levantó haciendo oídos sordos al dolor. Allí dentro daría esquinazo a los guardias de la calle. Nadie iba a prestar atención al estruendo de cristales de un callejón. Y el encapuchado le seguiría, sin duda… Pero allí dentro era el mejor lugar para tenderle una emboscada. Dejó atrás la alcoba en la que había aterrizado y salió al pasillo. Luego sacó la daga de su padre y apretó con fuerza el puño.

Se apoyó contra la pared, junto a la puerta, y esperó. Simplemente esperó, conteniendo la respiración. El olor de sus orines le inundaba las fosas nasales. Mierda.
avatar
Guntar

Cantidad de envíos : 9

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Faeraste el 06/10/15, 07:04 am

La sonrisa de Faeraste se ensanchó más cuando olió el orín provenir de los pantalones del muchacho, a la par que una desafortunada mancha se formaba en su entrepierna. Sus ojos destelleaban, y sus manos estaban ya asidas en el mango de sus dos espadas cortas, avanzando paso a paso, lentamente. Paladeando el miedo que estaba provocando en el muchacho

¡Eh, pedazo de mierda! ¡Será mejor que te largues antes de que me enfade de verdad! ¡Aún estás a tiempo de salir de esta!

La drow sonrió, aunque su sonrisa se congeló en el rostro cuando el chiquillo lanzó un nuevo cuchillo, esta vez directamente a la aorta. La mujer se movió rápidamente, desenvainando sus espadas lo suficientemente rápido como para desviar el arma arrojadiza, pero no lo bastante como para evitar que le cortase levemente la mejilla y le echase la capucha hacia atrás.

¡Xsa! exclamó, tapándose sus sensibles ojos de la luz del sol apretando los dientes y preparándose para un nuevo ataque que nunca llegó. Vio la mancha borrosa del muchacho huir por los tejados mientras se volvía a ajustar la prenda de ropa sobre su rostro. Sus ojos destilaban odio y su mandíbula se tensaba con fuerza.

Tras envainar sus armas y echarse la lanza a la espalda, se pasó un dedo por el corte, viendo la sangre manar de la mejilla. Sus ojos ardieron de rabia y su puño se crispó con fuerza, pero pronto recuperó el control inspirando y espirando. Volvió a centrar su mirada en el muchacho, justo a tiempo de ver cómo entraba en una casa por la ventana, sin ningún tipo de sutileza.

Miró hacia las calles, comprobando que sus compañeros aún no habían llegado hasta donde se encontraba y se asomó al borde de la ventana, calculando la distancia del salto y tuvo que reconocer, muy a su pesar, que ese chiquillo humano era bueno. Hubiera sido un buen drow, de haber nacido en la infraoscuridad como ella.

Calculó la distancia y cogió su lanza, clavándola cerca de una ventana aneja a la que había usado el muchacho para entrar en el edificio, saltando con gracilidad sobre el asta de su arma poco después. Desenvainó una de sus espadas y la abrió en silencio, deslizándose en su interior como una sombra.

Olfateó el aire y tuvo que contener unas arcadas y estornudos: Había polvo por todas partes, y el olor a podredumbre inundaba toda la estancia. Con un leve sonido, desenvainó la otra espada y comenzó a andar, lenta y silenciosamente, atenta a todo movimiento.

Si el chaval era como uno de los suyos, la estaría esperando dispuesta a rajarle el cuello si entraba como una idiota confiada. Y si no lo era... bueno, si no lo era, podía dar por sentado que se le acababa de escapar por culpa de sus precauciones, pero un drow confiado era un drow muerto, después de todo
avatar
Faeraste

Cantidad de envíos : 14

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Guntar el 06/10/15, 10:19 pm

Se sentía muy a gusto en el ambiente cargado de la casa, aspirando el aire pestilente que le rodeaba. Apestaba, pero al menos era cálido en invierno. A menudo pasaba largas noches en ese tipo de lugares, y sus pulmones ya se habían acostumbrado a olor. Le decían a veces que parecía un perro callejero, un chucho sarnoso, pero a él le gustaba pensar que era más bien como una rata, escurridizo, siempre acechante, atento a todo. Y frágil, tan frágil como una maldita rata, así que tenía que contar con el factor sorpresa o tenía los minutos contados. Pero tenía que quitarse a su cazador de encima, o estaba seguro de que le perseguirían hasta el fin del mundo.

De repente, escuchó un golpetazo, y la inestable estructura de la casa pareció temblar. Recordó la manera en la que la lanza se había clavado antes junto a él, arrojada con fuerza sobrehumana. El sonido había sido idéntico. Y si su perseguidor tenía el poder para hendir de esa forma el adobe, estaba seguro de que también podía hacerlo en aquellos muros de madera. Pero nunca había imaginado a un guardia capaz de hacer algo así. No, nunca había conocido a nadie que pudiera. ¿A qué diablos se estaba enfrentando entonces? Apretó el cuchillo con más fuerza todavía y esperó. Asomó ligeramente la cabeza por la puerta, mirando a la ventana y esperando ver algo, pero el cazador no estaba ahí.

¿Dónde se ha metido? Pensó para sí, preocupado. El latido de su corazón le parecía suficiente como para delatarlo. Si no estaba allí, tenía que estar en otro sitio. Tal vez había desistido, pero el golpe… ¿Y si estaba tratando de asustarlo? No iba a desistir, eso lo tenía claro. Si no había desistido antes… Y estaba muy por encima de él. ¿Y si echaba a correr? Podía bajar al piso de abajo y salir a la calle. Pero no, porque entonces tal vez le cogiesen los otros guardias. Acabar con el cazador y salir de nuevo a los tejados, eso era lo que tenía que hacer.

Y de repente tuvo otra idea, cuando sus ojos advirtieron las viejas vigas podridas que soportaba el techo del pasillo. Con las escaleras detrás, había dos opciones. El cazador podría venir desde el fondo, donde había un par de habitaciones más, o podía subir desde el piso de abajo. Esta última posibilidad parecía más remota. Le habría llevado demasiado tiempo subir, y le habría dejado por lo menos otras tres o cuatro vías de escape hacia los tejados. Eso significaba que, si le habían perseguido, y en vistas de que nadie entraba a la habitación en la que él había aterrizado, lo más probable era que la persona de la capa viniese desde el fondo del pasillo. Podía cortar el camino. Era peligroso, pero eso le daría el tiempo suficiente como para bajar al piso de abajo y salir por la puerta antes de que el otro tuviese la oportunidad de darle alcance, si es que podía apañárselas siquiera para bajar a la calle sin ayuda (Que seguramente podría, viendo lo ágil que era.) Sí, aquello podía funcionar.

Las vigas se sostenían en un par de pilares que se apoyaban en la pared cada pocos metros, y tales pilares estaban comidos por la carcoma, y a duras penas lograban soportar su peso. No era muy fuerte, pero… Asestó una fuerte patada contra el pilar más cercano, el que se encontraba entre la puerta de la habitación por la que había entrado y la contigua. Se escuchó un crujido estruendoso, pero la madera se astilló y comenzó a ceder. Si había alguien, ya le habrían escuchado. Tenía que darse prisa. Le dio otra patada, y esta vez el ruido fue todavía más fuerte. El pilar comenzaba a temblar y a emitir suaves chasquidos. Sólo un poco más…

Dio una última patada, frenético y temeroso de no lograrlo a tiempo, y la madera se partió por la mitad. De repente todo pareció temblar, y apenas tuvo tiempo de dar un paso para atrás antes de que la viga del techo se desmoronase en medio del pasillo. Luego le siguió un fragmento de techo, dejando un hueco por el que se filtraba la luz del sol. Los maderos bloquearon el pasillo, pero Guntar no se paró a ver el destrozo. No solía quedarse para ver los resultados de sus actos, prefería desaparecer de la escena del crimen y nunca más volver. Se lanzó hacia las escaleras, con la daga en la mano por si se cruzaba con el otro, y prácticamente cruzó volando los peldaños, dirigiéndose a la puerta de la casa, que daba a una calle principal, justo al lado contrario de la habitación por la que había entrado.

No me vas a pillar, pedazo de mierda. No me vais a coger así.
avatar
Guntar

Cantidad de envíos : 9

Volver arriba Ir abajo

Re: Fuga a la desesperada

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.